12 de abril de 2017

EL ALFILER Y LA AGUJA

Un alfiler y una aguja encontrándose en una cesta de labores y no teniendo nada que hacer, empezaron a reñir, como suele suceder entre gentes ociosas, entablándose la siguiente disputa:
—¿De qué utilidad eres tú? –dijo el alfiler a la aguja–. ¿Y cómo piensas pasar la vida sin cabeza?
—Y a ti –respondió la aguja en tono agudo–, ¿de qué te sirve la cabeza si no tienes ojo?
A lo que el alfiler replicó:
—¿Y de qué te sirve un ojo si siempre tienes algo en él?
De nuevo la aguja contestó:
—Pues yo, con algo en mi ojo, puedo hacer mucho más que tú.
El alfiler contestó airado:
—Sí, pero tu vida será muy corta, pues depende de tu hilo.
Mientras hablaban así el alfiler y la aguja, entró una niña en la habitación deseando coser. Tomó la aguja y echó mano a su labor por algunos momentos; pero tuvo la mala suerte de que se rompiera el ojo de la aguja. Entonces cogió el alfiler, y atándole el hilo a la cabeza procuró acabar su labor; pero tal fue la fuerza empleada que le arrancó la cabeza y, disgustada, lo echó con la aguja en la cesta de la labor y se marchó.
El alfiler y la aguja retomaron su conversación.
—Con que aquí estamos de nuevo –dijo la aguja–. Parece que el infortunio nos ha hecho comprender nuestra pequeñez; no tenemos ya motivo para reñir.
El alfiler, algo entristecido, respondió:
—¡Como nos asemejamos a los seres humanos que disputan acerca de sus dones y aptitudes hasta que los pierden, y luego… echados en la cesta, como nosotros, descubren que son hermanos!
 
  • REFLEXIÓN: Con frecuencia nos sentimos superiores a todos los que nos rodean, creemos que no hay nadie mejor que nosotros, que nuestras cualidades y aptitudes sobresalen, que somos más listos que nadie... sólo las circunstancias de la vida se encargan de ponernos en nuestro lugar, que no es ni más ni menos que el mismo en el que otras personas están.

21 de marzo de 2017

UNA HISTORIA DE MILAGROS

Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco más atrás, y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.
El terrateniente dijo al sabio: 
—Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros. 
—Soy una persona vieja y cansada... ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros? –replicó el sabio.
De nuevo el terrateniente le dijo: 
—Pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos... esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso. 
El sabio le replicó:
—¡Ah! ¿Te referías a eso?... Tú lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo sólo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego... y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer el mismo milagro. 
A lo que el terrateniente contestó:
—Yo quisiera tener la misma fe para poder realizar los milagros que tu haces... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios. 
El sabio dijo entonces: 
—Pues dime: ¿esta mañana volvió a salir el sol? 
—¡Sí, claro que sí! –dijo el terrateniente.
—Pues ahí tienes un milagro... el milagro de la luz. 
—No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra... mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas. 
A lo que el sabio replicó:
—¿Quieres un verdadero milagro? No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?
El terrateniente afirmó: 
—¡Sí! Fue varón y es mi primogénito. 
—Pues ahí tienes el segundo milagro... el milagro de la vida –dijo el sabio.
El terrateniente no muy convencido insistió: 
—Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro... 
De nuevo el sabio añadió: 
—¿Acaso no estamos en época de cosecha? ¿No hay trigo donde hace unos meses sólo había tierra?—Sí, igual que todos los años –dijo el terrateniente.
—Pues ahí tienes el tercer milagro... –respondió de nuevo el sabio.
—Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero... 
En ese momento el sabio le interrumpió:
—Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti... Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda.
Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas. El joven estaba algo desconcertado y dijo: 
—Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días. ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero? ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo? 
Y el sabio contestó:
—Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré hasta tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran cada día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido.
 
  • REFLEXIÓN: Sólo vemos aquello que realmente queremos ver. No solemos pararnos para ver la mano de Dios en las cosas que nos acontecen a diario. Sólo el que realmente abre su mente y su corazón a la omnipotencia de Dios puede comprender el milagro de la vida. Por eso tenemos que aprender a valorar las cosas pequeñas que a diario nos suceden, la naturaleza que nos envuelve, las personas con las que nos cruzamos, las conversaciones que compartimos... todo lo que nos rodea es verdaderamente un milagro de Dios. Por otro lado podemos pensar en lo egoísta e incrédulo que es el hombre que pide a Dios continuamente muestras de su poder, cuando el poder de Dios se manifiesta a diario y en cada momento en todo lo que nos rodea. Tendemos a apreciar solo aquello que podemos ver, que podemos racionalizar y materializar, sin percatarnos de valorar la vida que fluye sin más.

9 de marzo de 2017

EL CUARTO HOMBRE

En medio de un vasto campo se levantaba un gran muro que circundaba una buena cantidad de espacio. Cuatro hombres se decidieron a averiguar lo que había detrás del descomunal muro. 
El primero lo escaló esforzadamente, llegó a la parte alta y, sin mediar palabra, ni siquiera volver la cabeza, se precipitó al otro lado.
Del mismo modo procedió el siguiente hombre y de igual manera, el tercero.
Entonces le tocó el turno al cuarto hombre. Éste escaló dificultosamente el muro y por fin llegó arriba. Miró. ¡Oh maravilla de las maravillas! Tras el muro florecía en todo su esplendor el más bello, primoroso y reconfortante jardín que uno pudiera jamás soñar. Su primer impulso, ante tanta hermosura, fue lanzarse sin demora hacia aquel vergel, como hicieran sus compañeros, pero pensó en los demás seres humanos. Ellos se merecían saber lo que había detrás del muro y también aprender a escalarlo para acceder a ese jardín de ensueño. Así que se quedó fuera del recinto maravilloso para poder hablar sobre él a los demás y aconsejarlos adecuadamente para escalar el muro.
 
  • REFLEXIÓN: El egoísmo, el apego y la gratificación inmediata es muy común, pero el verdadero amor hacia los demás busca los medios para que los otros sean dichosos, crezcan y se perfeccionen. Está libre de prejuicios, esquemas, imposiciones y expectativas, y busca el crecimiento recíproco; cuando descubre algo maravilloso está deseoso de compartirlo con los demás y no guardarlo para sí mismo. Querer que los demás sean felices nos procura a nosotros una inmensa felicidad.

28 de febrero de 2017

EL MEJOR REMEDIO

Existía un rey con mucho poder que sufría de ánimo inestable: pasaba de la alegría a la tristeza, y viceversa, con extrema facilidad. Ello provocaba en él gran pesar interno y una mínima capacidad de disfrute y de percepción de los hechos que vivía su reinado, tanto era así que reclamaba su decisión firme de dar a su problema un remedio. Desalentado, pidió a sus asesores alguna ayuda para superar su dolencia. Los dóciles sabios se reunieron para resolver el problema. Después de unas semanas, ofrecieron su medicina.
—Señor, traemos solución a su mal. En esta cajita está el secreto de tu salud mental. Cuando estés perturbado por la tristeza o la alegría excesiva, lee el mensaje que guarda esta cajita mágica.
El rey agradeció a sus consejeros y escondió el pequeño recipiente con gran alegría y esperanza. Pero no había transcurrido una hora y ya estaba nuevamente sumido en el desánimo y la depresión.
Buscó la cajita salvadora y, al abrirla, pudo comprobar que sólo había un papel y en él escritas dos palabras:
«YA PASARÁ».
 
  • REFLEXIÓN: Aprendamos que en el río de la vida todo es transitorio, todo pasa, nada dura indefinidamente. Puede no ser necesario cambiar lo que vemos o sentimos en un determinado momento, sino tan sólo la forma como lo percibimos.

10 de febrero de 2017

JUSTIFICACIÓN IMPOSIBLE

Un hombre que se hacía pasar por santo fue requerido para realizar un milagro. Naturalmente, el milagro no se produjo, así que el pretendido santón decidió que lo mejor era marcharse de allí cuanto antes.
Viendo este comportamiento, los presentes se dirigieron a él increpándolo:
—¡Vaya santo que eres tú, no sólo no haces milagros como afirmabas, sino que además te vas sin dar ninguna explicación!
—Eso no es así –respondió el aludido–, los santos no somos ni orgullosos ni obstinados. Si el milagro no sale a la primera, yo acepto humildemente los dictados del cielo y no me obstino en realizarlo de nuevo.
Y aunque parezca increíble, aquel farsante continuó conservando intacta ante los demás su pretendida condición de santo.
 
  • REFLEXIÓN: Hay personas que son capaces de justificar casi cualquier comportamiento que hacen, y eso no es lo peor, lo peor es que consiguen convencer a los demás. Hay gente farsante, contradictoria, mentirosa, que es capaz de engañar a todo el mundo porque siempre tiene una salida para justificar sus actos por imposible que parezcan.

4 de febrero de 2017

LOS DOS BILLETES

Esto era un billete de 100 € y otro de 5 € que se encontraban en una bolsa de cualquier banco de la ciudad. 
Mientras se encontraban uno al lado del otro, el billete de 5 € le preguntó a su compañero:
—Oye, amigo, ¿dónde has estado? No te he visto en mucho tiempo.
El de 100 € respondió:
—Amigo, ¡Vaya que he tenido trabajo! He viajado a países distantes, también a los restaurantes más finos, a los casinos y bares más grandes y lujosos. También he estado en numerosas boutiques y en los centros comerciales de lujo. De hecho, justo en esta semana estuve en una final de fútbol, también estuve con grandes astrólogos y brujos, y en los grandes cabarets de París... ¡He hecho todo eso!
Después de haber descrito todos esos grandiosos viajes, el billete de 100 € le preguntó al de 5 €:
—¿Y a ti cómo te ha ido? ¿Dónde has estado?
El billete de 5 € respondió un poco decepcionado:
—Bueno yo..., yo he estado en una Iglesia Ortodoxa, en una Metodista, y también en una Iglesia Católica...
—¡¡¡Espera, espera, detente un minuto!!! –gritó el billete de 100 € muy confundido–. Pero ¿qué es una iglesia?
 
  • REFLEXIÓN: Con cierto humor e ironía, el relato nos habla de lo que por regla general ocurre en nuestras iglesias, y es que los donativos son cada vez más escasos. No nos damos cuenta de que regalamos “la calderilla” que nos sobra, pero casi nunca hacemos un esfuerzo real por entregar de lo que realmente nos es necesario para vivir. Quizá el relato nos pueda hacer reflexionar sobre nuestro egoísmo y sobre la necesidad de compartir con otros lo que tenemos.