9 de marzo de 2017

EL CUARTO HOMBRE

En medio de un vasto campo se levantaba un gran muro que circundaba una buena cantidad de espacio. Cuatro hombres se decidieron a averiguar lo que había detrás del descomunal muro. 
El primero lo escaló esforzadamente, llegó a la parte alta y, sin mediar palabra, ni siquiera volver la cabeza, se precipitó al otro lado.
Del mismo modo procedió el siguiente hombre y de igual manera, el tercero.
Entonces le tocó el turno al cuarto hombre. Éste escaló dificultosamente el muro y por fin llegó arriba. Miró. ¡Oh maravilla de las maravillas! Tras el muro florecía en todo su esplendor el más bello, primoroso y reconfortante jardín que uno pudiera jamás soñar. Su primer impulso, ante tanta hermosura, fue lanzarse sin demora hacia aquel vergel, como hicieran sus compañeros, pero pensó en los demás seres humanos. Ellos se merecían saber lo que había detrás del muro y también aprender a escalarlo para acceder a ese jardín de ensueño. Así que se quedó fuera del recinto maravilloso para poder hablar sobre él a los demás y aconsejarlos adecuadamente para escalar el muro.
 
  • REFLEXIÓN: El egoísmo, el apego y la gratificación inmediata es muy común, pero el verdadero amor hacia los demás busca los medios para que los otros sean dichosos, crezcan y se perfeccionen. Está libre de prejuicios, esquemas, imposiciones y expectativas, y busca el crecimiento recíproco; cuando descubre algo maravilloso está deseoso de compartirlo con los demás y no guardarlo para sí mismo. Querer que los demás sean felices nos procura a nosotros una inmensa felicidad.