9 de julio de 2015

LA MÁSCARA

Una princesa inteligente y hermosa, hija única del emperador de China, vivía en la corte del más poderoso señor. Cuando le tocó casarse, de acuerdo con su padre, decidió escoger marido entre todos sus súbditos. Quería el hombre más hermoso, más valiente y más extraordinario de todo el Imperio.
Se enviaron mensajeros a todos los rincones del país. Los jóvenes que creyeran reunir las cualidades requeridas podían presentarse en palacio un día señalado.
En una lejana provincia vivía un hombre muy hábil. No  era hermoso, sus rasgos duros revelaban claramente que era cruel y malvado. Era un ladrón y un asesino. Pero se le ocurrió una idea feliz.
Encargó al mejor fabricante de máscaras de China una que expresara la máxima belleza y bondad. En aquellos tiempos el arte de hacer máscaras estaba en su apogeo y el ladrón mismo quedó asombrado del resultado. En vez del rostro cruel y duro del asesino, sus rasgos eran los de un hombre a la vez dulce y noble. Expresaban poder y dignidad, fortaleza y honradez, amor y caridad. No le resultó difícil quedar seleccionado.
Al verlo, la princesa quedó impresionada. Sin dudarlo, lo escogió. Pero delicada como era, no quería obligar a nadie a ser su esposo a la fuerza. Lo llamó aparte.
Nuestro bandido enmascarado se encontró frente a un dilema. ¿Qué hacer? Decir no a la princesa era denunciarse a sí mismo y ser ejecutado. Si se casaba, sucedería lo mismo al ser descubierto. Maldijo el día en que se le ocurrió lo de la máscara. Pero una idea le vino a la mente: pedir un plazo de un año para reflexionar. A la princesa esto le agradó sobremanera.
¡Qué situación la del bandido! No podía escapar. Conocido en todas partes como el hombre más hermoso del Imperio, le tocó representar el papel de su personaje. Debía cuidar cada palabra que pronunciara, mostrarse lleno de elegancia y delicadeza, ser valiente. Aprendió la bondad y la generosidad que todos leían en su rostro. Comenzó a ser compasivo y piadoso, consolaba a los tristes... Pero veía bien claro la diferencia entre su máscara y su verdadero corazón malvado. ¡Imposible olvidar quién era en realidad! ¡Cuánta lucha y tensión, pues había que ser prudente! ¡Cuánta energía tenía que desplegar para desempeñar su papel de impostor! Su corazón se consumía de resentimiento. Cuando la gente agradecía su proceder o recibía alabanzas se sentía incómodo, pues no se le ocultaban sus íntimos sentimientos. Se horrorizaba de lo fácil que resultaba engañar a la gente.
El peor momento fue el de volver a ver a la princesa. Decidió decirle toda la verdad y asumir las consecuencias: las que fuesen. Se echó por tierra, la saludó y lloró contándole su engaño:
—Soy un bandido y me hice esa máscara tan sólo por contemplar el interior de este palacio; para ver a la princesa, famosa entre todas las mujeres del imperio. ¡Cuánto siento haber retrasado sus planes todo un año!
Se enfadó mucho la princesa, pero sintió mucha curiosidad ¿qué tipo de hombre se ocultaba bajo tal máscara? Le dijo entonces:
—Me engañaste, pero te pediré un favor y te dejaré libre. Quítate la máscara, déjame ver tu verdadero rostro y luego desaparecerás.
Temblando de miedo, el bandido se quitó la máscara. Al verlo, la princesa se enfadó y se enfureció:
—¿Por qué me has engañado? ¿Por qué llevas una máscara que reproduce exactamente tu verdadero rostro?
El impostor, confuso, negaba con la cabeza. La princesa le alcanzó un espejo. ¡Era cierto! Su rostro se había identificado con su máscara. Un año entero de lucha y sufrimiento por ser como su máscara lo había transfigurado. Había llegado a convertirse en lo que intentaba ser.
El final de la historia se parece a la de todos los cuentos. Se casaron y el bandido transformado fue el mejor y el más justo emperador de China que los siglos conocieron.
 
  • REFLEXIÓN: Esforzarse en ser mejores cada día hace que poco a poco en nuestro interior se obre el milagro de la transformación. Si verdaderamente queremos ser mejores llegaremos realmente a serlo.

30 de junio de 2015

EL HOMBRE AZUL

En una ciudad azul, donde todo era azul, debajo de un árbol azul, descansaba sobre el césped azul, un hombre azul todo vestido de azul.
El hombre azul se desperezó y abrió sus ojos azules al cielo azul. De pronto vio recostado a su lado a un hombre verde, vestido de verde.
El hombre azul, entre sorprendido y asombrado le preguntó:
—¿Y usted qué hace aquí?
—¿Yo? –contestó el hombre verde–. Me escapé de otro cuento porque allí me aburría.
 
  • REFLEXIÓN: Lo importante no es que cambiemos de manera de pensar o de percibir. Lo importante, es que seamos conscientes de que podemos cambiar, porque esa capacidad es parte de nosotros, siempre la tenemos y la podemos usar para adecuarnos al medio en el que estamos o a la realidad que vivimos en la actualidad. Lo fundamental es la capacidad de cambiar y no el cambio en sí.

12 de junio de 2015

TODOS CONTRA EL HOMBRE

Hace muchos años, todos los animales vivían en paz juntos en la selva. Un aciago día llegó un hombre a ella con un extraño instrumento y mató a un ciervo. Al día siguiente volvió y mató a un tigre. Desde entonces el hombre siguió matando, capturando y enjaulando a los animales, uno tras otro, hasta que finalmente estos celebraron una reunión para discutir el modo de defenderse de la crueldad del hombre.
El primero en tomar la palabra fue el elefante, porque era mucho más grande y más imponente que todas las demás criaturas.
—Mi táctica es atemorizar a la gente –dijo–. Cuando veo hombres, cargo contra ellos agitando mis orejas y levantando mis grandes colmillos amenazadores, pisoteándolo todo a mi paso y haciendo temblar la tierra.
Después del elefante habló el tigre.
—Yo creo que el ataque es la mejor forma de defensa –rugió–. Antes de que el hombre sepa lo que pasa, me encaramo y salto sobre él, sirviéndome de mis poderosas mandíbulas y de mis agudas garras para defenderme.
A continuación habló el ciervo con un tímido susurro:
—Mi seguridad está en la velocidad con que puedo correr. Apenas percibo el olor a hombre, echó a correr como el viento hasta desaparecer. Así nunca me puede atrapar.
—Yo detesto al hombre –silbó la serpiente–. Mi método es el más astuto de todos. Permanezco oculta en la hierba y soy feliz estando allí quieta y silenciosa durante horas sin fin. Cuando se aproxima un hombre, mi corazón grita venganza y le muerdo, hundiendo mis venenosos dientes en su carne y disfrutando con el dolor que le causo.
La tortuga parpadeó soñolienta y dijo:
—Mi método es muy simple. Me limito a retirarme hasta que pasa el peligro. Me he construido una concha espesa y protectora, que llevo siempre a mi espalda. Apenas diviso a un ser humano, me oculto dentro de mi concha, donde no puedo ver ni oír nada. Me siento muy segura allí adentro.
El perro meneó su cola, sonrió y dijo:
—Amigos, si tenéis un poco de paciencia conmigo, os diré por qué creo que estáis todos equivocados. Hemos de aceptar que existan los seres humanos, que vengan aquí y que sean superiores a nosotros. Constituyen una gran amenaza para nosotros, y es insensato pensar que podemos luchar contra ellos, asustarlos, huir de ellos o destruirlos. Por nuestro propio bien, aprendamos a obedecerles, a ser aliados y amigos suyos. Yo he decidido dejarme domesticar por ellos. Permaneceré en sus casas y les serviré; y aunque pierda mi libertad, al menos dispondré de un lugar caliente para dormir, de comida y de tranquilidad. Debemos ser prácticos en estas cosas, amigos míos.
El camaleón fue el último en hablar. Alzó su cabeza y miró con arrogancia a cuantos le rodeaban para decir:
—Sois unos necios hablando de atemorizarles, de atacarles, de escapar y de haceros amigos suyos. No necesitáis hacer ninguna de esas cosas si adoptáis mi método. Yo me limito a cambiar de color según la ocasión. No me importa cuántas veces tengo que cambiar. No me molesta mi aspecto o cuántas identidades tengo. Lo único que realmente importa es si deseas o no salvar tu piel.
 
  • REFLEXIÓN: Todos nos enfrentamos con dificultades, oposiciones y conflictos, y según nuestro carácter y temperamento optamos por diferentes estrategias para afrontar estos retos. No es posible aplicar una única estrategia a cada situación. Cada nuevo reto puede requerir una actitud diferente; sin embargo, cualquiera que sea la actitud que adoptemos, hemos de intentar ser constructivos, dignos, compasivos y racionales. Ahora eso sí, a diferencia del camaleón de la historia, lo único que no debemos cambiar, bajo ningún concepto, es nuestra identidad, lo que nos hace únicos.

1 de junio de 2015

¡NO PUEDO HACERLO, PAPÁ!

Un día, David y su padre estaban cavando en un huerto que había detrás de su casa, cuando tropezaron con una gran piedra.
—Tenemos que quitarla –dijo su padre.
—Yo lo haré –dijo David, deseando ser útil.
Empujó y jadeó hasta quedar sin aliento.
—No puedo hacerlo –dijo, admitiendo su derrota.
—Yo creo que puedes –respondió su padre–. Si intentas todo lo que crees que puedes.
David lo intentó de nuevo hasta que le dolieron los brazos y estuvo a punto de llorar.
—No puedo hacerlo –repuso–. De verdad que no puedo, papá. Lo he intentado con todas mis fuerzas y no se ha movido ni una pizca.
—¿Has hecho realmente todo lo que te parece que puedes hacer? –preguntó amablemente su padre. David asintió con un gesto; pero su padre movió la cabeza.
—No, hay una cosa que has olvidado hacer. Si lo haces, conseguirás mover la piedra.
—¿Qué es lo que he olvidado? –preguntó David confuso. Su padre sonrió.
—Tengo razón entonces –afirmó–. Podías haberme pedido que te ayudara; pero no lo hiciste.
—Papá, ¿quieres ayudarme? –preguntó David.
El padre y el hijo aunaron sus fuerzas y comenzaron a empujar. Lentamente, la piedra se movió hasta dejar libre el huerto. David se reía encantado.
—¡Lo hemos logrado, papá! –dijo.
 
  • REFLEXIÓN: Con frecuencia nos parece que tenemos que llevar nuestra carga solos, creemos que nuestras buenas obras nos pertenecen solamente a nosotros, pero en realidad podemos y debemos dejarnos ayudar por los demás. A veces los demás sólo esperan que les pidamos ayuda para compartir nuestro peso o vencer los obstáculos.

16 de mayo de 2015

UN ESPÍRITU CONTENTADIZO

Un dios hindú estaba tan harto de las continuas peticiones de su devoto que un día se apareció a él y le dijo:
—He decidido concederte las tres cosas que desees pedirme. Después no volveré a concederte nada más.
Lleno de gozo, el devoto hizo su primera petición sin pensárselo dos veces. Pidió que muriera su mujer para poder casarse con una mejor. Y su petición fue inmediatamente atendida. Pero cuando sus amigos y parientes se reunieron para el funeral y comenzaron a recordar las buenas cualidades de su difunta esposa, el devoto cayó en la cuenta de que había sido un tanto precipitado. Ahora reconocía que había sido absolutamente ciego a las virtudes de su mujer. ¿Acaso era fácil encontrar otra mujer tan buena como ella?
De manera que pidió al Señor que la volviera a la vida. Con lo cual sólo le quedaba una petición que hacer. Y estaba decidido a no cometer un nuevo error, porque esta vez no tendría posibilidad de enmendarlo. Y se puso a pedir consejo a los demás. Algunos de sus amigos le aconsejaron que pidiese la inmortalidad. Pero ¿de qué servía la inmortalidad –le dijeron otros– si no tenía salud? ¿Y de qué servía la salud si no tenía dinero? ¿Y de qué servía el dinero si no tenía amigos?
Pasaban los años y no podía determinar qué era lo que debía pedir: ¿vida, salud, riquezas, poder, amor...? Al fin suplicó al dios:
—Por favor, aconséjame lo que debo pedir.
La deidad se rió al ver los apuros del pobre hombre y le dijo:
—Pide ser capaz de contentarte con todo lo que la vida te ofrezca, sea lo que sea.
 
  • REFLEXIÓN: Muchas veces somos infelices porque nunca estamos satisfechos con aquello que la vida nos da; siempre aspiramos a más y más, y se nos pasa la vida pensando en todo aquello que no tenemos y que nos gustaría tener, sin darnos cuenta de lo felices que somos con lo que ya poseemos. Debemos aprender a valorar la vida sin más.

3 de mayo de 2015

EL ASNO SE HA IDO

Una noche, un viajero llegó a una pequeña ciudad, acompañado de un siervo y un asno cargado de mercancías. 
Delante de una posada, le dijo a su servidor:
—¡Vigila atentamente al asno, que yo voy a tomarme un vaso de leche!
Al entrar en la posada, vio a un grupo de sufís cantando y bailando juntos. Le invitaron a entrar en el círculo y le propusieron bailar con un típico canto de la tierra llamado: “El asno se ha ido”. Feliz de poder tomar parte en una actividad tan relajante, de buen grado aceptó la propuesta, se unió al grupo y empezó a bailar imaginando que el asno simbolizaba el ego del que hay que liberarse. Se puso a cantar y bailar con tal entusiasmo que hasta entró en trance.
Al cabo de un rato, cuando quiso reanudar su camino, se dio cuenta de que su asno había desaparecido. Furioso, reconvino a su servidor:
—Pero ¿qué has hecho, inútil y descuidado? ¡Te ordené que vigilaras el asno!
—He venido a avisarle de que querían robárselo –repuso el siervo apenado–, pero como le vi en el colmo de la felicidad cantando “El asno se ha ido. El asno se ha ido”... supuse que no le importaba y no quise insistir.
 
  • REFLEXIÓN: Así son los malentendidos, que a veces nos hacen perder hasta lo que más apreciamos por no aclarar las cosas cuando es necesario.