21 de febrero de 2014

LOS DOS LOBOS

Un indio muy sabio se encontraba enseñando a su pequeño nieto una de las lecciones más importantes de la vida.
Le contó al pequeño niño la siguiente parábola:
Existe una pelea dentro de cada uno de nosotros. Es una terrible pelea entre dos lobos -le dijo-. Un lobo es malo. Es furia, rabia, envidia, remordimiento, avaricia, arrogancia, autocompasión, resentimiento, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego. El segundo lobo es bueno. Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, empatía, verdad, compasión y fe.
El nieto pensó sobre esto un momento. Entonces le preguntó al abuelo:
¿Qué lobo ganará ésta pelea?
El abuelo indio simplemente respondió:
El que tú alimentes.
 
  • REFLEXIÓN: Así es el alma humana, un lado bueno y otro malo... de nosotros depende que "alimentemos" nuestro lado oscuro o nuestro lado amable y positivo. Por esto, ten cuidado con la cara que muestras al mundo porque ella terminará forjando tu carácter.

12 de febrero de 2014

EL CUCO EN LIBERTAD

Un día una chica paseaba por el bosque, cuando oyó a un cuco. Alzó la vista y vio al pájaro volando de rama en rama y cantando alegremente.
—Cuco, ¿no quieres decirme dónde está tu casa? –preguntó la chica.
—¿Mi casa? ¡El bosque entero es mi casa! –respondió el pájaro.
—Mi abuelo tiene un cuco en casa –dijo la chica–. Vive en un pequeño nido encima del reloj y no sale nunca de casa. No se pasa todo el día cantando como lo haces tú. Sólo canta una vez cada hora.
—¡Ah! –dijo el cuco–. ¿Te refieres a un cuco que vive dentro del reloj y canta la hora?
—Sí; así es –respondió la chica–. Es muy bonito y canta magníficamente.
El cuco meneó la cabeza.
—Puede que sea cierto; pero él no es real –dijo.
—¿Qué quieres decir con real? –preguntó la chica.
El cuco se explicó pacientemente.
—No puede volar como yo adondequiera. No tiene amigos. No pone huevos. No sabe amar ni puede sufrir. Su canto es monótono, sin sentimiento.
La chica se quedó perpleja.
—Pero, ¿no es estupendo tener una bonita casita, cantar cada hora y ser estimado por la gente?
—En absoluto –repuso el cuco–. Es mejor ser libre que tener una casa, cantar cuando a uno le place y no sólo al dar la hora, cuidar de otros en vez de que cuiden de ti, ser amado en lugar de ser estimado.
—Me gustas, cuco –dijo la chica–. Te quiero. Vente a mi casa y canta para mí todas las horas. Te daré un sitio donde estar. Seré tu amiga y tú serás mi amigo.
El cuco contestó:
—Si realmente eres mi amiga y me quieres, entonces no me prives de mi libertad. Déjame ser yo mismo. Si me quieres y deseas ser mi amiga, yo iré a tu jardín a cantar para ti. Iré a verte y a decirte que te quiero. Puede que mis visitas no sean regulares; pero ten la seguridad de que mi canto será más delicioso que el canto del cuclillo de tu reloj, y que mis visitas te procurarán más alegría que la presencia muerta del cuclillo encerrado para siempre en tu casa. Nuestra amistad será dulce, cálida y afectuosa.
—¿Quieres decir real? –dijo la chica.
—Sí, será real –respondió el cuco.
 
  • REFLEXIÓN: Todos necesitamos libertad para llegar a ser personas reales y llenas de vida. La vida que es resguardada del dolor, la aflicción y el riesgo se ve privada también de libertad y de la plena alegría de la vida. Por otro lado el verdadero amor respeta la espontaneidad y la libertad en el modo de darse y en el modo de recibir.

28 de enero de 2014

SI YO CAMBIO, CAMBIA EL MUNDO

Un maestro sufí dijo acerca de sí mismo: De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: «Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo».
A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: «Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho».
Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: «Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo».
Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.
 
  • REFLEXIÓN: Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo, que es lo más importante que deberíamos hacer. Mis pequeñas aportaciones son significativas para otros.

10 de enero de 2014

TIMOTEO EL AMBICIOSO

Timoteo era un hombre ambicioso. Nunca tenía suficiente dinero y posesiones. Constantemente discutía con sus vecinos sobre cuestiones monetarias.
Un día uno de sus enemigos decidió acabar con Timoteo. Con gran astucia, se presentó ante él con un pequeño pez de oro en un vaso de cristal. Le dijo:
—Timoteo, cuando este pez de oro alcance su tamaño total y muera de muerte natural, su cuerpo se convertirá en oro puro. Tú serás rico como jamás lo soñaste.
La insaciable ambición de Timoteo se impuso a su sentido común y se creyó la historia del pez de oro. Lo contemplaba de cerca con alegría y agradecimiento a su enemigo.
Se llevó el pez a su casa y lo metió en un pequeño recipiente. Lo alimentó generosamente, y, con gran contento suyo, fue creciendo y creciendo hasta que se hizo demasiado grande para el recipiente. Con gran dispendio hizo construir un depósito para el pez, y luego un pequeño lago. Constantemente soñaba con el día en que había de conseguir su oro.
Pasados muchos años, Timoteo había gastado todos sus ahorros y se había pasado los días alimentando y cuidando al pez, que continuamente crecía y creía. Deseaba que se muriera para poder, al fin, hacerse rico. Al final, en bancarrota y viejo, Timoteo se murió antes que el pez.
Nunca se dio cuenta de que su enemigo le había obsequiado con una ballena.
 
  • REFLEXIÓN: La mayoría de nosotros somos como Timoteo. Sacrificamos lo mejor que tenemos (tiempo, energías, amor y amistad) persiguiendo una riqueza que nunca conseguimos. La felicidad no consiste en tener lo que queremos, sino en querer lo que tenemos.

26 de diciembre de 2013

EL ÁRBOL, LAS RAÍCES Y EL SUELO

En medio del bosque se alzaba un árbol gigantesco, el más magnífico en muchos kilómetros a la redonda. Un día las raíces le dijeron al árbol:
—Es un hecho que todo el que te ve admira tu majestad y tu belleza. Tienes las hojas más lustrosas, las más hermosas flores y los frutos más dulces de todos los árboles del bosque. Con razón encomian tu esplendor, porque eres el más grande de todos los árboles. Pero, ¿no has pensado nunca en nosotras, tus raíces? Aunque nadie nos ve ni nos alaba, nosotras te damos la fuerza para que mantengas la cabeza erguida por encima de todos los árboles compañeros tuyos. Nosotras carecemos de forma y de belleza, sin embargo somos responsables de tu magnificencia. No poseemos ningún perfume propio, pero te procuramos la fragancia que exhalan tus polícromas flores. Aunque parecemos estériles, te proporcionamos la savia que produce tus abundantes frutos. En otras palabras, todo lo que eres es nuestro, querido árbol, porque un árbol es bueno en la medida en que lo son tus raíces.
Aquí terció el suelo:
—Querido árbol y queridas raíces, ¿no os percatáis de que es el suelo –el menos conocido y alabado– el que en realidad os da todo lo que tenéis y hace que seáis lo que sois? Sin mí no habría árbol ni raíces. Yo os sostengo a ambos con mis amorosos brazos. En mis abrazos encontráis alimento, seguridad y fuerza. Yo soy el único que os mantiene firmes. Os doy agua y vitalidad. Todos vosotros, raíces, tronco, ramas, hojas, flores y frutos, habéis nacido de mí. Todo lo que sois me debe su calidad a mí, el suelo.
 
  • REFLEXIÓN: “Ningún hombre es una isla”. Este conocido dicho refleja el hecho de que todos dependemos unos de otros, de nuestra familia, nuestra cultura y nuestra sociedad, que nos proporcionan un medio en el que podemos florecer y desarrollarnos. Nadie es hijo de su propio esfuerzo, somos obra de las circunstancias de nuestra vida. Por último destacar que para que un cambio sea efectivo, hemos de trabajar por cambiar el suelo en el que estamos arraigados, no basta con cambiar las apariencias externas.

10 de diciembre de 2013

LA ESCUDILLA DEL MENDIGO

Chandrakant era un mendigo indio que se tenía por el último de todos. «No valgo para nada», solía repetirse a sí mismo. «Soy un inútil, un parásito. Nadie me quiere ni nadie me querrá jamás».
La única cosa que de veras llamaba suya era su sucia y vieja escudilla de pedir, que jamás se apartaba de su lado y que constantemente ponía delante de todo el que creía que probablemente le daría dinero.
A veces lo hacía tímidamente, del todo consciente de su insuficiencia. Otras veces la ponía descarada y hasta rencorosamente delante de ciertas personas, especialmente si sentía envidia de ellas. Esto lo sentía con frecuencia, por lo cual experimentaba satisfacción más que vergüenza en aceptar la caridad.
A menudo entraba en las tiendas, pidiendo a dueños y clientes indistintamente que le dieran una limosna.
Un día entró en una tienda de objetos curiosos y puso su pesada y vieja escudilla de mendigo ante las narices del propietario:
—Por favor, se lo ruego. Tenga compasión de mí. Sólo lo preciso para un pedazo de pan. Tengo hambre. Tenga piedad de mí.
El dueño se quedó mirando la sucia escudilla del mendigo. Por último se la cogió a Chandrakant, diciendo:
—Deja que examine más de cerca esa sucia escudilla tuya.
—Por favor, señor, –exclamó el mendigo–, déjemela... es lo único que tengo...
—Sólo un minuto –le interrumpió el propietario de la tienda–. Eres tú un extraño mendigo. Tienes tú más que yo.
—Por favor, señor, no se burle de mí. Sólo deseo...
—Lo digo en serio. Tú no eres un pobre. Esa escudilla tuya tan grande... ¿Por qué no la vendes? Es de puro oro macizo.
 
  • REFLEXIÓN: Tenemos una pobre imagen de nosotros mismos, somos más conscientes de las limitaciones. La mayoría de los problemas emocionales y psicológicos proceden de una pobre imagen propia, porque realmente no nos valoramos. Tenemos que hacer un esfuerzo por recobrar el respeto, la estima y la confianza propias, y creer en nuestro valor intrínseco, descubriendo las fuerzas y talentos ocultos, para poder descubrir y erradicar cualquier complejo de inferioridad y otros mecanismos de frustración que actúan en la psique. Si nos sentimos inferiores siempre desempeñaremos ese papel, debemos mejorar la percepción que tenemos de nosotros mismos, nos sentiremos mejor y actuaremos más afirmativamente.