9 de noviembre de 2016

HURACÁN O BRISA

Sopló Eolo y creó el viento. Y le dio libertad. El viento libre recorrió el espacio sideral y llegó a la Tierra. En la Tierra fue durante mucho tiempo brisa, pero al encontrarse con las montañas y no poder atravesar las rocas, se convirtió en vendaval. 
Como vendaval llegó hasta el mar y, al no poder penetrar en el agua, se transformó en huracán y asoló las playas y todo el litoral. 
Al ver lo sucedido, Eolo llamó al viento y lo convirtió en ser humano. Y, aunque ahora es un ser humano, no olvida que es viento. Y cuando abre su boca, unas veces es brisa agradable; otras, huracán de palabra, hechos y gestos que arrasa y asola.
Eolo, que lo sabe, nos da un sabio consejo: «Procura ser brisa: ésa es tu misión como viento».
 
  • REFLEXIÓN: Sé con tus hechos, gestos y palabras suave brisa que a todos llegue, sin ofender, sin violentar, siendo amable y comprensivo. Piensa cuántas veces tus gestos o palabras llegan a los demás de forma hiriente, cortante, como huracanes que todo lo arrasan a su paso, y sé para todos suave y dulce brisa.

27 de octubre de 2016

EL CABALLERO DE LA MESA REDONDA

El joven rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques. El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil. La pregunta era: «¿Qué quiere realmente una mujer?».
Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente. A la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte... En suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente.
Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios.
Llegó el último día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria a condición de que primero aceptara el precio: Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda y el más íntimo amigo de Arturo.
El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima, tenía un solo diente, despedía un hedor que daba nauseas a cualquiera, hacía ruidos obscenos... Nunca se había topado con una criatura tan repugnante.
Se acobardaba ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.
Se anunció la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo:
—Lo que realmente quiere la mujer es: «¡Ser la soberana de su propia vida!»
Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad y que el joven rey Arturo estaría a salvo. Así fue: al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad. Pero, menuda boda fue aquella,... asistió la corte en pleno y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo.
Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso. La vieja bruja hizo gala de sus peores modales, engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitía ruidos y olores espantosos...
Y llegó la noche de bodas. Cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial aguardaba a que su esposa se reuniera con él... ¡ella apareció con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver!...
Gawain quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido. La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo.
Entonces le preguntó cuál prefería para el día y cuál para la noche.
¡Qué pregunta tan cruel!... Gawain se apresuró a hacer cálculos...
¿Querría tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches, en la privacidad de su alcoba, a una bruja espantosa? O, por el contrario, ¿prefería tener de día a una bruja y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?...
¿Vosotros qué habríais preferido...? ¿Qué hubierais elegido...?
Gawain, tras mucho pensar, decidió que la dejaría elegir por sí misma.
Al oír esto, ella le anunció que siempre sería una hermosa dama, tanto de día como de noche, lo haría porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.
 
  • REFLEXIÓN: Debemos respetar siempre el espacio individual de cada persona. Ser respetuosos con la personalidad y dignidad de cada ser humano. Cada persona tiene su propia valía por lo que es. Sólo somos dueños de nuestra propia existencia, pero no de la de los demás.

5 de octubre de 2016

LA VIOLETA Y EL CARDO

Cuentan de un santo que, al amanecer, comenzaba a hacer oración y para orar se ponía en una mano un cardo y en la otra una violeta.
Un día preguntaron al santo cuál era la razón de tal práctica. Y el santo contestó:
—El cardo me recuerda el orgullo. La violeta, la humildad.
—¿Por qué? –le volvieron a preguntar.
El santo respondió:
—El cardo es grande y se eleva altivo. No da frutos, tan sólo pinchos que se clavan como flechas hirientes cuando intentamos acercarnos a él. La violeta, en cambio, es una flor pequeña, sencilla, insignificante, pero muy olorosa. Lo mismo que la humildad: no se ve, pero se nota en el decir y en el obrar.
 
  • REFLEXIÓN: Todos deberíamos tener en cuenta al actuar estas dos posibles actitudes que pueden ayudar o destruir a una persona. Cada día tenemos que hacer el esfuerzo de no olvidar el disminuir nuestro orgullo para que pueda crecer la humildad.

30 de septiembre de 2016

UN LUGAR EN EL BOSQUE

Esta historia nos habla de un famoso rabino llamado: Baal Shem Tov.
Baal Shem Tov era muy conocido dentro de su comunidad porque todos decían que era un hombre tan piadoso, tan bondadoso, tan casto y tan puro que Dios escuchaba sus palabras cuando él hablaba.
Se había creado una tradición en aquel pueblo: todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no habían podido conseguir, iban a ver al rabino.
Baal Shem Tov se reunía con ellos una vez por año, en un día especial que él elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único que él conocía, en medio del bosque.
Y, una vez allí, cuenta la leyenda, Baal Shem Tov encendía con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí mismo.
Y dicen... Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que Baal Shem Tov decía, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar del bosque... que no podía resistirse a la petición de Baal Shem Tov y concedía los deseos de todas las personas que allí estaban.
Cuando el rabino murió, la gente se dio cuenta de que nadie conocía las palabras que Baal Shem Tov decía cuando iban todos juntos a pedir algo.
Pero conocían el lugar del bosque y sabían cómo encender el fuego.
Una vez al año, siguiendo la tradición que Baal Shem Tov había instituido, todos los que tenían necesidades y deseos se reunían en aquel mismo lugar del bosque, prendían el fuego de la manera que habían aprendido del viejo rabino y, como no conocían sus palabras, cantaban cualquier canción o recitaban un salmo, o sólo se miraban, se daban la mano y hablaban de sus cosas en aquel mismo lugar alrededor de fuego.
Y dicen... Que a Dios le gustaba tanto el fuego encendido, le gustaba tanto aquel lugar en el bosque y aquella gente reunida sólo por amistad... que aunque nadie decía las palabras adecuadas, porque ya nadie las sabía, igualmente concedía los deseos a todos los que allí estaban.
El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo...
Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque. No sabemos cuáles son las palabras... Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego como lo hacía Baal Shem Tov... Sin embargo, hay algo que sí sabemos.
Sabemos esta historia. Sabemos este cuento...
Y dicen... Que Dios adora tanto esta historia, que le gusta tanto, que basta que alguien la cuente y que alguien la escuche para que Él, complacido, satisfaga cualquier necesidad y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento.

  • REFLEXIÓN: Muchas personas unidas en un mismo deseo tienen la fuerza suficiente para mover el corazón de Dios. Cuando nos reunimos, en sinceridad y con amor, con otras personas nuestros deseos más íntimos llegan a Dios que es misericordioso y nos escucha. Esta unión de deseos, de inquietudes compartidas, de intereses comunes, nos sirve igualmente para luchar por cualquier causa social justa. Y sólo así, juntos, podemos mover el mundo y cambiarlo desde sus raíces.

21 de septiembre de 2016

LA VASIJA AGRIETADA

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban en los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. 
Durante dos años completos, esto fue así diariamente. 
Desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. 
Pero la pobre vasija agrietada... estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. 
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguatero diciéndole:
—Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.
El aguador apesadumbrado, le dijo compasivamente: 
—Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.
Así lo hizo la vasija...
Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo del sendero; pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar. 
El aguador le dijo entonces: 
—¿Te diste cuenta que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado, y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Si no fueras exactamente como eres, incluidos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.
 
  • REFLEXIÓN: Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas, sus propios defectos. Todos somos como vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar nuestras grietas para obtener buenos y hermosos resultados. No te avergüences de tus defectos pues te hacen un ser único.

6 de septiembre de 2016

DESTRUIR O CREAR

Cuenta la tradición que en cierta ocasión un bandido llamado Angulimal fue a matar a un sabio. El sabio le dijo: 
—Antes de matarme, ayúdame a cumplir un último deseo: corta, por favor, una rama de ese árbol.
Angulimal le miró con asombro, pero resolvió concederle aquel extraño último deseo, y de un tajo el bandido hizo lo que el sabio le pedía. Pero luego el sabio añadió:
—Ahora, vuelve a pegar la rama al árbol para que siga floreciendo.
—Debes estar loco –contestó Angulimal– si piensas que eso es posible.
—Al contrario –repuso el sabio–, el loco eres tú, que piensas que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El verdaderamente poderoso es el que sabe crear y curar.
 
  • REFLEXIÓN: La bondad es infinitamente más poderosa que la violencia y la maldad. Lo realmente difícil es amar a quien nos hace daño. Hacer cosas positivas y generosas por los demás es más difícil, aunque más gratificante, que dedicarnos a difamar, destruir y hundir a otros.