8 de diciembre de 2015

LA VACA PACÍFICA

Está en la naturaleza del tigre ser agresivo como en la de la vaca ser pacífica. Un tigre iba siguiendo sigilosamente a una vaca para saltar sobre ella y devorarla en el momento oportuno, pero ésta se dio cuenta, se volvió y dijo:
—Amigo tigre, sé que me vas a matar.
—Así es, vaca, porque está en mi naturaleza matar.
—Pero te pido un favor. Tú eres un tigre orgulloso y no puedes defraudarte a ti mismo. Sé que me lo concederás. Tengo que dar de mamar a mi ternero, porque ya es la hora para ello y me está esperando en el establo. Le daré de mamar y te prometo que volveré.
El tigre vaciló unos instantes. Pensó: «Un hombre se puede defraudar a sí mismo, pero un tigre como yo, no». Repuso:
—Vaca, ve a alimentar a tu ternerito.
La vaca fue al establo, alimentó a su cría y le explicó que tenía que volver y entregar su cuerpo, como había prometido al tigre. El ternero no quería que se fuera, pero la vaca le explicó:
—Mi muy querido hijo, si también las vacas comenzamos a faltar a nuestras promesas, ¿qué será del mundo?
Le dio un lametón al ternero y se fue a buscar al tigre. Al verlo, le dijo:
—Sé que está en tu naturaleza matar, amigo mío. Así que aquí me tienes. Ahora este cuerpo te pertenece.
El tigre se quedó pensativo. Después de unos instantes, afirmó:
—Querida vaca, eres estupenda. Has cumplido tu promesa, incluso teniendo que abandonar a tu hijo y dar tu cuerpo. Ahora comprendo por qué eres tan pacífica: porque eres fiel a ti misma. No te comeré, al contrario, me has hecho sentir tanto afecto por ti que mi naturaleza ha cambiado. Te consideraré a partir de hoy mi hermana, y a tu ternero mi familia. Así que vete en paz.
 
  • REFLEXIÓN: Incluso el más fiero puede transformar su naturaleza y modificar sus pensamientos malvados. Un ser humano debería tener más aptitudes que un tigre, aunque también tendría que ser menos fiero que éste y no siempre lo es. El tigre y la vaca consiguieron respetarse a sí mismos, pero el ser humano no siempre lo hace. No siempre valora sus promesas y su lealtad. El hombre no siempre es como es, pero podría empezar a ser como quisiera ser. El andamiaje de nuestra psicología puede «desaprenderse» para mejorarse; pero no hay milagros, cambia el que se hace la firme resolución de cambiar y pone los medios oportunos para ello.

27 de noviembre de 2015

LAS ÚLTIMAS MALETAS

—Niños, ¿os falta todavía mucho? Nosotros vamos metiendo ya las cosas en el coche.
—¡Dejad espacio para las maletas que faltan!
—¡Cómo! ¿Todavía faltan más? Y entonces, ¿de quién son estas dos maletas que están aquí al lado de la puerta?
—Esas maletas también son nuestras, las hemos bajado antes. Pero aún nos hace falta llevar algo más.
—Pero, ¿a dónde pensáis que vais? ¡Si sólo salimos para quince días! ¿Qué más tenéis que llevaros?
—Aún no hemos bajado nuestra ropa.
—Y entonces, ¿qué hay en estas maletas?
—En una están nuestros ositos de peluche y en la otra van nuestras películas y libros favoritos.
—¿Os dais cuenta de que no podemos viajar con todo eso? No vamos a tener sitio en el coche ¡Y aún os falta la ropa, que es lo más importante! Las dos maletas que ya habéis bajado se van a quedar aquí, no nos las llevaremos.
—¿Ah, no? Pues sin nuestros ositos de peluche no nos vamos.
—Tenéis que elegir, todo no cabe en el coche. Y desde luego, a nosotros nos parece más importante que llevéis la ropa y que dejéis aquí los peluches.
—Pues a nosotros no ¿Cómo vamos a dejar a los ositos solos en esta casa vacía? Tendrán miedo.
—Pero como son muchos se harán compañía. Además, en el viaje se van a aburrir porque vamos lejos y hace calor, y a los osos no les gusta el calor. Lo mejor es que elijáis a uno de ellos para que a la vuelta les cuente a los otros lo que ha visto.
—Bueno, pero que podamos llevarnos al osito más grande.
—De acuerdo. Y como estaréis todo el día de paseo con el osito para que lo vea todo, las películas y libros sobran. ¡Ya vais a ver qué paisajes tan bonitos vamos a conocer!
—Bueno, si es así...
—Ya subo yo para ayudaros a hacer la maleta que os falta, porque si no me temo que vais a meter también los abrigos de invierno...
 
  • REFLEXIÓN: En la vida hay que saber priorizar, saber qué es lo que consideramos más importante llevar en nuestro interior para ofrecérselo a los demás. Debemos evaluar lo vivido de vez en cuando y reflexionar sobre lo que hemos podido meter en nuestra personal “maleta” de vivencias.

11 de noviembre de 2015

LA DISCUSIÓN

En el bosque habitaban el rey de los cuervos y el rey de los búhos, cada uno con su respectiva legión de cuervos y búhos. Siempre habían compartido la paz del bosque, pero cierto día los dos reyes se encontraron y empezaron a intercambiar impresiones. El rey de los cuervos preguntó:
—¿Por qué tú y tu legión de búhos trabajáis por la noche?
El búho, sorprendido, replicó:
—Sois vosotros los que trabajáis por la noche. Nosotros lo hacemos de día. Así que no mientas.
Y los dos reyes se enzarzaron en una discusión, convencidos ambos de que trabajaban de día. La discusión adquirió tal carácter de violencia, que la legión de cuervos y la de búhos se disponían a entrar en combate. Pero cuando la situación estaba llegando a su momento más crítico, apareció por allí un apacible cisne que, al enterarse de la disputa, dijo:
—Calmaos todos, queridos compañeros. –Y dirigiéndose a los reyes, añadió–: No debéis en absoluto pelear, porque los dos tenéis razón. Desde vuestra perspectiva, los dos trabajáis de día.
 
  • REFLEXIÓN: Muchas relaciones se destruyen o deterioran porque los que las forman no saben tener una perspectiva más amplia. La estrechez de miras y el aferramiento a las propias opiniones dinamitan muchas relaciones. La terquedad, el apego a los puntos de vista y la tendencia a imponerlos generan innecesarias disputas.

9 de octubre de 2015

EL DOMADOR

El discípulo preguntó al Maestro:
—Maestro: ¿cuál es el oficio más difícil que existe? ¿Acaso pescador? ¿Minero? ¿Astronauta?
El Maestro llevó su mano al hombro del joven y le dijo:
—El oficio más difícil del mundo es el de domador.
Sonó una carcajada ruidosa y el discípulo preguntó:
—¿Por qué crees que el oficio de domador es el más difícil?
—Porque todas las personas tenemos que ser domadores. No importa la edad; tampoco la condición.
El discípulo intervino de nuevo, algo guasón:
—Tiene gracia lo que dices. ¿Acaso el mundo es un circo?
El maestro meneó lentamente la cabeza en sentido negativo y contestó:
—No. El mundo no es un circo. Pero cada ser humano tiene que ser domador... de sí mismo. Su propio ser es la jaula. Las fieras son sus instintos, sus pasiones, sus apetitos, los sentimientos mal encauzados, su orgullo, su egoísmo, su necedad...
El discípulo le miraba atentamente y él prosiguió:
—Para ser persona, auténtica persona, el ser humano, hombre o mujer, niño, adolescente, joven, adulto o anciano tiene que olvidarse de su miedo e ir adquiriendo las cualidades que definen al buen domador...
—¿Y qué cualidades son ésas, Maestro?
—Esas cualidades son: valor, arrojo, decisión, verdad, conocimiento de la situación, dominio de sí mismo, respeto, confianza, razón, precaución, paciencia, atención, ilusión, sensatez...
El joven de nuevo le interrumpió:
—¿Sabes que jamás lo había pensado?
—¡Claro! Tu te imaginabas que los domadores sólo están en el circo y que con pericia, buen entrenamiento, una fusta y haciendo restallar un látigo se desvelaba todo el misterio de la doma y el control. Pero esa no es la realidad. Las fieras que se exhiben en el circo son demasiado mansas comparadas con las fieras que hay en la jaula de nuestro interior. El domador de su propio ser ha de estar siempre alerta e insistir una y otra vez; de lo contrario, al mínimo descuido, será devorado por sus propias fieras: fieras agresivas, exigentes, insaciables...
—Tiene que ser difícil ser domador. Pero, dime, ¿cómo se aprende a ser un buen domador? –dijo el joven intrigado. A lo que el Maestro contestó:
—Métete en tu propia jaula y busca la respuesta en tu propio interior.
 
  • REFLEXIÓN: Cada persona tiene que aprender a conocerse a sí misma, adivinar sus peores defectos para poder controlarlos y sus mejores cualidades para poder potenciarlas. Si no buscamos dentro de nosotros jamás aprenderemos qué es lo que debemos mejorar de nuestro carácter y qué debemos tratar de controlar.

21 de septiembre de 2015

CUANDO CAEN LAS HOJAS

—Jardinero –llamó la niña desde la valla del jardín– ¿por qué hay árboles que pierden su vestido de hojas en invierno, mientras otros se cubren del frío con las mismas hojas del verano?
—¿Por qué te lavas la cara cada mañana en el manantial? ¿Por qué arreglas tu lazo ante el espejo cada día cuando el sol se asoma por tu ventana?
El jardinero guardó silencio mientras la niña le observaba con una mirada inocente de extrañeza.
—El agua con la que lavas tu cara por las mañanas es diferente cada día –continuó el jardinero–. Y el lazo con el que adornas tus cabellos es el mismo cada día.
—No entiendo, señor.
El jardinero se acercó a la valla y, señalando los árboles del jardín, le dijo a la niña:
—No existe árbol que no pierda sus hojas. Unos desnudan sus ramas bostezando cada otoño, y otros dejan caer sus hojas poco a poco a lo largo del año, mientras hacen salir hojas nuevas que ocupan el lugar de las anteriores. Por eso a ti te parece que no cambian su ropaje verde.
—¿Y no sería más fácil tener siempre las mismas hojas, sin tener que hacer el esfuerzo de cambiarlas cada vez? –preguntó la niña mientras miraba un roble cercano.
—¿Acaso no te hace tu madre vestidos nuevos cada primavera para que estés más hermosa y puedas dejar de ponerte los viejos?
—Sí –respondió la niña mirándole a los ojos.
—Y cuando un vestido se te queda viejo, ¿qué hace tu madre con él?
—Lo convierte en trapos o en retales, para hacer colchas para mi cama.
—Pues, mira bien. Con las hojas viejas, los árboles hacen una colcha de retales a su alrededor, alimentando el suelo del que luego tomarán su sustento, y dando vida a otras plantas y animales.
Un gesto de alegre asombro se dibujó en la cara de la niña.
—¡Cuánto saben los árboles, jardinero!
Un estremecimiento recorrió la espalda del hombre, al contemplar los ojos inocentes de la niña.
—Sé, pues, sabia como los árboles, y cuando la vida te pida que dejes caer las viejas hojas de tu mente y de tu corazón, no dudes en hacerlo, para que tu alma pueda disponer de un vestido nuevo cada primavera.
 
  • REFLEXIÓN: Debemos aprender a ser como los árboles; ser sabios es saber desprendernos de aquellas ideas o prejuicios que nos perjudican a nosotros mismos y a los demás y no nos dejan renovarnos y evolucionar.

14 de septiembre de 2015

EL VENDEDOR DE GLOBOS

Eran las fiestas del pueblo. Un pueblo cualquiera, ni muy grande, ni muy chico. Habían venido vendedores ambulantes. Y entre los vendedores había llegado un vendedor de globos. Eran las diez de la mañana y no había vendido ningún globo. Claro, los chicos andaban escasos de dinero y entonces lo que preferían era comprar una chocolatina, cualquier cosa pero no un globo, que es de lo más inútil.
Entonces al hombre se le ocurrió una idea: sacrificar un globo. Agarró un globo rojo que tenía, y lo soltó. No faltó un chico que le dijera a su mamá:
—¡Mira! ¡Un globo!
—Ah, sí, se le habrá escapado al señor.
Al ratito el hombre soltó un globo verde y enseguida un globo blanco, que se empezaron a perseguir por el cielo. Y claro: ya todo el mundo empezó a señalarlos. Después soltó los globos más lindos que tenía: dos azules con uno amarillo al centro. Entonces, frente a todos esos globos que empezaban a subir hacia el cielo, pasando entre las ramas, todos los niños, empezaron a rodear al vendedor de globos y a pedir:
—¡Ah, yo quiero un globo, mamá...!
Bueno, la cuestión es que el tipo vendió todo el resto de los globos. Sacrificó cinco, pero vendió decenas.
Entre los niños había un niño negrito. El niño estaba triste, descalcito, con el pantaloncito roto, miraba a los otros chicos con lágrimas en los ojos. Y entonces el señor de los globos se dio cuenta del niño y le preguntó:
—Muchacho... ¿quieres un globo?
El chico al momento le respondió:
—Ah, no... 
—¿Cómo no?... Mira, te lo regalo. Elige el globo que más te guste y te lo regalo.
—No.
—Pero, ¿no quieres un globo?
—No.
—¿Entonces qué te pasa?
Y el chico se anima al verlo tan bueno y le dice al vendedor:
—Señor, si usted suelta ese globo negro que está ahí, ¿subirá tan alto como los otros globos?
Porque la cuestión no era tener o no tener un globo, sino ser o no ser como los demás.
Entonces el señor se emociona tanto que desata el globo negro y se lo entrega al niño diciendo:
—Haz la prueba.
El chico soltó el globo, y cuando vio cómo subía, empezó a saltar y cantar, feliz de que el globo negro también había subido a los cielos.
Entonces el hombre quedó tan impresionado que acercándose, le acaricia la cabeza, y le dice:
—Te voy a decir un secreto. Lo que hace subir para arriba al globo no es ni el color ni la forma, es lo que tiene dentro. Pero para que un globo suba al cielo hay que traer gas del cielo. Si yo lo lleno con gas del cielo entonces... subirá, subirá, subirá hasta el infinito.
 
  • REFLEXIÓN: Lo importante en la vida es lo que llevamos en nuestro interior, no importa que tengamos unas cualidades u otras, unas habilidades u otras; todos somos igual de importantes y válidos; lo que tenemos que hacer es intentar llenar nuestro interior de buenos pensamientos y acciones para poder elevarnos a lo más alto. Lo primordial en cada persona es lo que tiene en su interior, lo que realmente es.