6 de septiembre de 2014

LEVANTARSE Y SER VISTO

Cuando Kruschev pronunció su famosa denuncia de la era stalinista, cuentan que uno de los presentes en el Comité Central dijo:
—¿Dónde estabas tú, camarada Kruschev, cuando fueron asesinadas todas esas personas inocentes?
Kruschev se detuvo, miró en torno por toda la sala y dijo:
—Agradecería que quien lo ha dicho tuviera la bondad de ponerse en pie.
La tensión se podía mascar en la sala. Pero nadie se levantó.
Entonces dijo Kruschev:
—Muy bien, ya tienes la respuesta, seas quien seas. Yo me encontraba exactamente en el mismo lugar en que tú estás ahora.
 
  • REFLEXIÓN: Decir la verdad tal como uno la ve requiere mucho valor cuando uno pertenece a una institución. Pero desafiar a la propia institución exige aún más valor. Eso es lo que se espera de nosotros: que mantengamos siempre nuestra postura cuando creamos que es justa, y no nos dejemos avasallar por el poder.

28 de julio de 2014

¿DÓNDE ESTÁ LA LIEBRE?

La hiena salió a cazar y pronto descubrió las huellas de una liebre que había pasado por allí no hacía mucho, así que se puso a seguirlas cada vez más deprisa porque cuanto más tardase en atraparla más tiempo pasaría hambrienta.
Los ratones vieron venir a la hiena y comprendieron que su presencia suponía una amenaza para su pariente la liebre, así que decidieron borrar sus huellas a la altura de un cruce de caminos y se quedaron deliberadamente allí, esperando. Cuando la hiena llegó a aquel lugar comprobó que ya no había más huellas, que había perdido la pista.
Entonces preguntó a los ratones si habían visto pasar una liebre y todos respondieron que sí y que era muy grande. Pero cuando preguntó por el camino que había tomado la respuesta ya no fue unánime: unos ratos le indicaron el camino de la izquierda, y cuando la hiena se disponía a seguir por él los otros ratones gritaron que por aquel camino no era, que ellos habían visto que la liebre tomaba el camino de la derecha. Ya iba a seguir la hiena el camino nuevamente indicado cuando los primeros ratones protestaron esta decisión, a lo que siguió la respuesta de los otros en una discusión sin término.
La hiena, viendo que estaba perdiendo el tiempo y que con los ratones no iba a sacar nada en claro, decidió seguir los dos caminos, poniendo las patas de su izquierda en el camino izquierdo y las de su derecha en el derecho, y así avanzar por ambos caminos a la vez.
Al inicio le fue bien porque los dos caminos discurrían paralelos un buen trecho. Pero no había rastro de la liebre, lo que hizo pensar a la hiena que su presa le había sacado más ventaja y decidió acelerar el paso precisamente cuando los dos caminos se separaban definitivamente. Decisión fatal, porque sus patas de la izquierda se fueron tan a la izquierda y sus patas de la derecha tan a la derecha que se partió en dos.
Los animales del bosque, reunidos en torno a su cuerpo, dijeron a coro: “Seguir dos caminos ha partido a la hiena”.
 
  • REFLEXIÓN: En algún momento de la vida hay que tomar una firme decisión sobre qué caminos elegir a cambio de despreciar otros. Lo importante es saber qué camino elegir, qué fines perseguimos en la vida y qué pasos vamos dando para alcanzarlos. Una vez elegido un camino, siempre hay que ser fiel a él. Por muy costoso o difícil que nos parezca elegir un camino, siempre será mejor que intentar abarcarlo todo.

5 de julio de 2014

VUELO NOCTURNO

Una noche, un avión cruzaba el océano Atlántico. Los pasajeros estaban disfrutando de la cena, se escuchaba una música suave y la atmósfera era relajada y serena. De pronto, los sistemas de comunicación y dirección del aparato fallaron y el panel se quedó en blanco.
El ingeniero de vuelo no pudo reparar la avería. El piloto se sintió presa del pánico. ¿Cómo iba a conseguir llegar a su destino? Estaba sobrevolando el océano en una noche oscura sin señales que le guiaran. Pidió a la azafata que averiguara si entre los pasajeros había algún experto en electrónica.
Después de unos instantes de ansiedad, entró un pasajero en la cabina.
—¿Es usted experto en electrónica? –preguntó el piloto.
—No, señor –respondió el pasajero–. No sé absolutamente nada de esas cosas.
—Entonces, ¿qué está usted haciendo aquí? –preguntó el piloto.
—Dígame cuál es el problema. Quizá pueda ayudarle –indicó el pasajero.
El piloto gritó furioso:
—¡Si no sabe nada de electrónica, salga de la cabina! ¡No me sirve!
El pasajero dijo serena y cortésmente:
—Dígame, por favor, cuál es el problema. Creo que puedo ayudarle.
—¿Es que no lo ve por sí mismo? –saltó destemplado el piloto–. Todos los instrumentos han dejado de funcionar. No sabemos dónde estamos. Nos encontramos perdidos sobre el océano en medio de la noche.
—Bien, pero yo puedo ayudarle. –dijo el pasajero–. Conozco algo que nunca falla. No ha fallado nunca en el pasado ni fallará en el futuro.
El piloto clavó en él su mirada incrédulo:
—¿De qué está hablando? –preguntó.
—El cielo, amigo –repuso el extraño–. Las estrellas nos guiarán. Muéstreme su mapa de ruta sobre el océano y nuestro punto de destino.
El pasajero, una persona de aspecto corriente, era astrónomo. Se sentó junto al piloto con el mapa en su regazo y los ojos clavados en el cielo. Firme y hábilmente, dirigió el vuelo del piloto. Al amanecer, el avión aterrizaba puntual en su destino.
 
  • REFLEXIÓN: Podemos aprender a no confiar únicamente en la tecnología y en lo material para resolver todos los problemas de la existencia humana. Los científicos y técnicos no poseen por sí mismos la clave de nuestra salvación. Tenemos necesidad también de otro tipo de conocimiento, quizá más espiritual, aquel que nos haga elevar la vista al cielo y contemplar otras realidades divinas. Para alcanzar nuestro destino tenemos que alzar los ojos por encima de las realidades terrenas y consultar las señales celestes.

20 de junio de 2014

LOS SALVADORES

Cuando los seres humanos hicieron su aparición en la superficie de la tierra, los animales se alarmaron. Vivir al aire libre ya no sería seguro para ellos.
Los topos fueron los que más se inquietaron. Su jefe, asustado, les dirigió la palabra:
—Amigos, ya no estamos seguros viviendo en la superficie de la tierra. No sobreviviremos con tantas amenazas contra nuestra salud y bienestar. La única solución es retirarnos. Horademos la tierra, y allí podremos vivir protegidos de este entorno corrompido y peligroso.
Los topos abrieron túneles debajo de la superficie de la tierra y comenzaron su existencia oculta y subterránea. Aislados del mundo exterior, su vida era difícil, pero se sentían seguros. Para amoldarse al nuevo entorno tuvieron que desarrollar formas de vida y de trabajo diferentes. Hubieron de formular una nueva filosofía de la vida y adoptar un nuevo sistema de valores. Había poco aire para respirar y el alimento escaseaba. A fin de sobrevivir, era esencial formar una comunidad robusta. Los topos tenían prohibidas las amistades personales, las relaciones íntimas y una vida social activa. Su vida estaba sometida a una fuerte disciplina y reglamentación. Sus líderes no cejaban de insistir en la propaganda:
—Queridos hermanos y hermanas topos, somos seres afortunados. Nos hemos salvado de la contaminación y los peligros del mundo exterior. Somos una especie elegida. Fuera, en el mundo, nuestros hermanos y hermanas animales están amenazados y corrompidos. Solamente nosotros llevamos una vida sana, pura y plena. Dios nos ha salvado de la corrupción del mundo para que sirvamos de inspiración a otros y sigan nuestro ejemplo.
Todos los topos se hicieron eco de estas alentadoras consignas.
—Hemos sido salvados de la corrupción y de los peligros del mundo. Somos una especie elegida. Servimos de modelo a otros para que sigan nuestro ejemplo.
Tal fue su entusiasmo que muchos topos se levantaron y dijeron a sus compañeros:
—Si a esos infelices animales de fuera pudiéramos mostrarles la calidad de nuestras vidas, la fuerza de nuestra comunidad, la felicidad de nuestra existencia, fácilmente seguirían nuestro ejemplo y se salvarían. ¡Ea! Salgamos a ese mundo malvado a predicar nuestro mensaje de salvación a nuestros hermanos y hermanas para traerlos a nuestras madrigueras.
Los topos salieron a la superficie llenos de celo e interés por sus hermanos y hermanas de la tierra. Al dejar la oscuridad y encontrarse con la luz del sol, los ojos les picaban por la intensidad de los colores, los oídos les dolían por lo desacostumbrado de los sonidos, sus pulmones se asfixiaban por las ráfagas de aire fresco y su negra y gruesa piel les hacía imposible soportar la fuerza del sol. Se retiraron a sus madrigueras tan pronto como pudieron, y nunca más se los volvió a ver en la superficie de la tierra.
 
  • REFLEXIÓN: Si tenemos algo importante que decir a la gente, hemos de estar en contacto con la realidad de su vida. Los verdaderos principios y valores son abiertos y no necesitan ser inculcados. No necesitan ideologías, comunidades altamente organizadas ni técnicas de lavado de cerebro para expresar y difundir su mensaje. Son un valor por sí mismos.

2 de junio de 2014

UN MATRIMONIO FELIZ

Dios observaba que aquel matrimonio se llevaba muy bien desde hacía muchos años y quiso hacerles un regalo. Envió al pájaro del bosque para que, volando sobre ellos, les hiciese llegar un pedacito del arcoíris. Y les dijo: 
—«La hondura de vuestro amor ha llegado hasta mí. Vuestra presencia será curativa para todo el poblado. Los enfermos quedarán sanos cuando os presentéis juntos ante ellos».
En efecto, así fue: cada vez que alguien caía enfermo llamaban a esta pareja que se presentaba ante el enfermo con su arcoíris y la enfermedad desaparecía.
Pero un día en que la mujer había ido a por agua al pozo, que estaban bien lejos, llegaron unos enviados gritando que el hijo del jefe estaba enfermo. El hombre intentó explicarles que faltaba su mujer, que sin ella su presencia no era eficaz, pero los enviados tenían orden del jefe de volver cuanto antes y forzaron al hombre a ir solo ante el enfermo. Pudo llevarse el pedacito de arcoíris, pero por mucho que quiso, el niño no mejoró. El jefe se enfadó, dijo que era un impostor y lo metió en la cárcel. Al rato, informada por las vecinas de lo que había pasado, también la mujer llegó a casa del jefe y pidió ver a su marido, pero el jefe se opuso y quiso que primero curase a su hijo. Ante él se presentó con el pedacito de arcoíris, pero tampoco ella consiguió nada, así que siguió el mismo camino que su marido y terminó en la cárcel.
El arcoíris, después de que el jefe intentase sin éxito hacerlo funcionar con todas las palabras mágicas que sabía, fue pintado de negro y enterrado para siempre.
En la cárcel, el hombre y su mujer se dijeron que a pesar del maltrato del jefe y de no tener el arcoíris seguían deseando el bien del niño y siguieron pidiendo por él. Esta vez el niño mejoró.
El jefe, al ver lo sucedido, les dejó salir, les pidió perdón y les hizo muchos regalos. Pero ellos estaban asombrados: ¿Cómo era posible que el niño se hubiese curado sin que ellos tuviesen el arcoíris?
Y Dios les respondió:
—«El arcoíris no tenía ningún poder, era simplemente un regalo, un signo visible de lo que de verdad cura, que es vuestro amor».
 
  • REFLEXIÓN: Muchas veces nos aferramos a ciertos objetos que nos sirven de amuletos y a los que dotamos con falsos poderes. En este caso el arcoíris no tenía ningún poder real, el verdadero poder curativo lo ejerció el amor. Y es que hay personas que realmente ayudan a otros solamente ofreciendo cariño, afecto, comprensión, cercanía. ¿Cuántas personas conocemos que nos impresionan por la calidad de su amor?

22 de mayo de 2014

LO QUE NO COMPRA EL DINERO

Alejandro era un hombre corriente. Tenía poco dinero, pero mucha felicidad. Estaba contento y satisfecho de su vida. Un día, mientras paseaba por la calle, se encontró unos billetes entre la basura. Sorprendido y sin darle crédito, cogió el puñado de billetes. Su primer impulso fue llevarse el dinero a casa; pero, después de un instante, mirando el dinero que tenía en sus manos, le habló así:
Eres un tesoro; pero, ¿realmente te necesito? Hasta hoy nunca te he tenido, y he sido perfectamente feliz, mientras que he visto a muchos de mis vecinos cargados de billetes como vosotros, y sin embargo desdichados. No quiero ser como ellos. Prefiero ser lo que soy sin vosotros a ser lo que ellos son con vosotros. No, no os necesito.
Y, sin más, arrojó los billetes a la basura.
Los billetes se sintieron muy ofendidos. Jamás antes se habían visto tratados de aquella vil manera. Airados, le gritaron a Alejandro:
¿Quién te crees que eres? ¡Debes ser un completo idiota! Cualquier otro nos deseará y querrá poseernos. ¿Cómo te atreves a tratarnos así? Te maldecimos. Serás un desgraciado por habernos rechazado. ¿Ignoras que el dinero puede comprar todo lo que este mundo ofrece? El dinero abre la puerta del placer, el prestigio y el poder. Si nos posees, nunca te faltará nada de lo que los hombres pueden apetecer. El dinero da la felicidad. No seas necio. Cógenos y llévanos a tu casa.
Alejandro replicó:
Tenéis razón en cierto modo. El dinero puede realmente comprar todas las cosas que este mundo ofrece; sin embargo no puede comprar los deseos más hondos del corazón de una persona. Mi corazón se ha sentido siempre satisfecho a pesar de no teneros nunca.
¡Mentiroso! -dijeron los billetes-. ¿Qué sabes tú del mundo y de sus placeres? Vamos; dinos lo que no podemos comprarte.
Alejandro sonrió tranquilamente mirando a los billetes dentro del basurero.
Es verdad que el dinero podría comprarme un lecho de oro, pero no podría comprarme el profundo sueño del que disfruto.
El dinero puede comprar cosméticos, pero no puede comprar mi robusta complexión.
El dinero puede comprar una casa suntuosa, pero no puede comprar la felicidad de mi hogar.
El dinero puede comprar el sexo, pero no puede comprar el amor de mi matrimonio.
El dinero puede comprar a la gente, pero no puede comprar la lealtad de mis amigos.
El dinero puede comprar libros, pero no puede comprar conocimientos y sabiduría.
El dinero puede comprar vestidos extravagantes, pero no puede comprar la dignidad personal.
El dinero puede comprar diversiones ocasionales, pero no puede comprar la alegría y la paz interiores.
El dinero puede comprarme un caro funeral, pero no puede comprarme la muerte feliz que espero tener.
En otras palabras, todo lo que vale la pena, lo que es realmente precioso en mi vida, tú, dinero, no puedes comprarlo. Sólo puedes introducirte falazmente en la vida de gente “inteligente”, induciéndoles a creer que puedes dar lo que no está en tu poder. Eres un embustero y un mentiroso. Quédate donde estás, que es donde te corresponde: en el basurero.
Dicho esto, Alejandro prosiguió su camino silbando alegremente.
 
  • REFLEXIÓN: Es preferible tener un alto nivel de vida a un alto nivel de medios de vida. Hemos de aprender a poseer dinero sin que seamos poseídos por él. Un buen aprendizaje es tener sólo lo que realmente necesitamos. Uno de los criterios para ello es lo que necesitamos hacer para conseguirlo y lo dispuestos que estamos a compartirlo cuando lo tenemos. Resumiendo, lo que importa es lo que somos y no lo que tenemos.