9 de abril de 2014

LA CIUDAD DE LOS POZOS

Aquella ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Aquella ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... Pero pozos al fin. Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).
Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal, y las noticias corrían rápidamente de punta a punta del poblado.
Un día, llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblecito humano.
La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido. Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron hasta tal punto que ya no podían incorporar nada más.
Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, otros pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior...
Uno de ellos fue el primero. En lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.
No pasó mucho tiempo hasta que la idea empezó a ser imitada. Todos los pozos utilizaban gran parte de sus energías en ensancharse ara poder hacer más espacio en su interior. Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas que se ensanchaban desmedidamente. Él pensó que si seguían ensanchándose de aquella manera, pronto se confundirían los bordes de los distintos pozos y cada uno perdería su propia identidad...
Quizá a partir de esa idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo más profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo tenía que vaciarse de todo contenido...
Al principio tuvo miedo al vacío. Pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...
Un día, algo sorprendió al pozo que crecía hacia dentro. Dentro, muy dentro y muy en el fondo... ¡encontró agua! Nunca antes otro pozo había encontrado agua.
El pozo superó su sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo sus paredes, salpicando sus bordes y, por último, sacando el agua hacia fuera. La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa. Así que la tierra que rodeaba al pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas brotaron en forma de hierba, de tréboles, de flores y de tronquitos endebles que se convirtieron en árboles después...
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo, al que empezaron a llamar “el vergel”. Todos le preguntaban cómo había conseguido aquel milagro.
—No es ningún milagro –contestaba el vergel–. Hay que buscar en el interior, hacia lo profundo.
Muchos quisieron seguir el ejemplo de aquel pozo, pero desestimaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ser más profundos tenían que vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más, para llenarse de más y más cosas...
En la otra punta de la ciudad, otro pozo decidió correr también el riesgo de vaciarse... Y también empezó a profundizar... Y también llegó al agua... Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...
—¿Qué harás cuando se termine el agua? –le preguntaban.
—No sé lo que pasará –contestaba–. Pero, por ahora, cuanta más agua saco, más agua hay.
Pasaron unos meses antes del gran descubrimiento. Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma... Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto.
Habían descubierto la comunicación profunda que sólo consiguen aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar...
 
  • REFLEXIÓN: Y nosotros ¿tenemos el valor de arriesgarnos a vaciarnos de todas aquellas cosas que nos mantienen atados y esclavizados? ¿De buscar en lo profundo de nosotros para dar lo mejor que tenemos?

9 de marzo de 2014

EL ALPINISTA

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inicio su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para el solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima. Le oscureció, la noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada.
Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las nubes cubrían las estrellas.
Subiendo por un acantilado, a solo cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas cada vez más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos... ¡SI!, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar:
—¡Ayúdame, Dios mío...!
De repente, una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
—¿Qué quieres que haga, hijo mío?
—¡Sálvame Dios mío!
—¿Realmente crees que te pueda salvar?
—¡Por supuesto Señor!
—Entonces corta la cuerda que te sostiene...
Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda, reflexionó... y no se soltó.
Cuenta el equipo de rescate que al día siguiente encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... ¡y a tan solo ¡dos metros del suelo!
 
  • REFLEXIÓN: A veces, la vida está relacionada con soltar lo que alguna vez nos salvó. Soltar las cosas a las cuales nos aferramos intensamente, creyendo que tenerlas es lo que nos va a seguir salvando de la caída. Tendemos a aferrarnos a ideas, personas o vivencias. Nos anclamos a lo que a no sirve o no está porque nos da miedo lo desconocido. En realidad, actuamos así porque una parte de nosotros no confía en nuestra fuerza y capacidad de salir adelante en nuevas situaciones.

21 de febrero de 2014

LOS DOS LOBOS

Un indio muy sabio se encontraba enseñando a su pequeño nieto una de las lecciones más importantes de la vida.
Le contó al pequeño niño la siguiente parábola:
Existe una pelea dentro de cada uno de nosotros. Es una terrible pelea entre dos lobos -le dijo-. Un lobo es malo. Es furia, rabia, envidia, remordimiento, avaricia, arrogancia, autocompasión, resentimiento, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego. El segundo lobo es bueno. Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad, empatía, verdad, compasión y fe.
El nieto pensó sobre esto un momento. Entonces le preguntó al abuelo:
¿Qué lobo ganará ésta pelea?
El abuelo indio simplemente respondió:
El que tú alimentes.
 
  • REFLEXIÓN: Así es el alma humana, un lado bueno y otro malo... de nosotros depende que "alimentemos" nuestro lado oscuro o nuestro lado amable y positivo. Por esto, ten cuidado con la cara que muestras al mundo porque ella terminará forjando tu carácter.

12 de febrero de 2014

EL CUCO EN LIBERTAD

Un día una chica paseaba por el bosque, cuando oyó a un cuco. Alzó la vista y vio al pájaro volando de rama en rama y cantando alegremente.
—Cuco, ¿no quieres decirme dónde está tu casa? –preguntó la chica.
—¿Mi casa? ¡El bosque entero es mi casa! –respondió el pájaro.
—Mi abuelo tiene un cuco en casa –dijo la chica–. Vive en un pequeño nido encima del reloj y no sale nunca de casa. No se pasa todo el día cantando como lo haces tú. Sólo canta una vez cada hora.
—¡Ah! –dijo el cuco–. ¿Te refieres a un cuco que vive dentro del reloj y canta la hora?
—Sí; así es –respondió la chica–. Es muy bonito y canta magníficamente.
El cuco meneó la cabeza.
—Puede que sea cierto; pero él no es real –dijo.
—¿Qué quieres decir con real? –preguntó la chica.
El cuco se explicó pacientemente.
—No puede volar como yo adondequiera. No tiene amigos. No pone huevos. No sabe amar ni puede sufrir. Su canto es monótono, sin sentimiento.
La chica se quedó perpleja.
—Pero, ¿no es estupendo tener una bonita casita, cantar cada hora y ser estimado por la gente?
—En absoluto –repuso el cuco–. Es mejor ser libre que tener una casa, cantar cuando a uno le place y no sólo al dar la hora, cuidar de otros en vez de que cuiden de ti, ser amado en lugar de ser estimado.
—Me gustas, cuco –dijo la chica–. Te quiero. Vente a mi casa y canta para mí todas las horas. Te daré un sitio donde estar. Seré tu amiga y tú serás mi amigo.
El cuco contestó:
—Si realmente eres mi amiga y me quieres, entonces no me prives de mi libertad. Déjame ser yo mismo. Si me quieres y deseas ser mi amiga, yo iré a tu jardín a cantar para ti. Iré a verte y a decirte que te quiero. Puede que mis visitas no sean regulares; pero ten la seguridad de que mi canto será más delicioso que el canto del cuclillo de tu reloj, y que mis visitas te procurarán más alegría que la presencia muerta del cuclillo encerrado para siempre en tu casa. Nuestra amistad será dulce, cálida y afectuosa.
—¿Quieres decir real? –dijo la chica.
—Sí, será real –respondió el cuco.
 
  • REFLEXIÓN: Todos necesitamos libertad para llegar a ser personas reales y llenas de vida. La vida que es resguardada del dolor, la aflicción y el riesgo se ve privada también de libertad y de la plena alegría de la vida. Por otro lado el verdadero amor respeta la espontaneidad y la libertad en el modo de darse y en el modo de recibir.

28 de enero de 2014

SI YO CAMBIO, CAMBIA EL MUNDO

Un maestro sufí dijo acerca de sí mismo: De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: «Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo».
A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: «Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con eso me doy por satisfecho».
Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que yo he sido. Mi única oración es la siguiente: «Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo».
Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida.
 
  • REFLEXIÓN: Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo, que es lo más importante que deberíamos hacer. Mis pequeñas aportaciones son significativas para otros.

10 de enero de 2014

TIMOTEO EL AMBICIOSO

Timoteo era un hombre ambicioso. Nunca tenía suficiente dinero y posesiones. Constantemente discutía con sus vecinos sobre cuestiones monetarias.
Un día uno de sus enemigos decidió acabar con Timoteo. Con gran astucia, se presentó ante él con un pequeño pez de oro en un vaso de cristal. Le dijo:
—Timoteo, cuando este pez de oro alcance su tamaño total y muera de muerte natural, su cuerpo se convertirá en oro puro. Tú serás rico como jamás lo soñaste.
La insaciable ambición de Timoteo se impuso a su sentido común y se creyó la historia del pez de oro. Lo contemplaba de cerca con alegría y agradecimiento a su enemigo.
Se llevó el pez a su casa y lo metió en un pequeño recipiente. Lo alimentó generosamente, y, con gran contento suyo, fue creciendo y creciendo hasta que se hizo demasiado grande para el recipiente. Con gran dispendio hizo construir un depósito para el pez, y luego un pequeño lago. Constantemente soñaba con el día en que había de conseguir su oro.
Pasados muchos años, Timoteo había gastado todos sus ahorros y se había pasado los días alimentando y cuidando al pez, que continuamente crecía y creía. Deseaba que se muriera para poder, al fin, hacerse rico. Al final, en bancarrota y viejo, Timoteo se murió antes que el pez.
Nunca se dio cuenta de que su enemigo le había obsequiado con una ballena.
 
  • REFLEXIÓN: La mayoría de nosotros somos como Timoteo. Sacrificamos lo mejor que tenemos (tiempo, energías, amor y amistad) persiguiendo una riqueza que nunca conseguimos. La felicidad no consiste en tener lo que queremos, sino en querer lo que tenemos.