20 de octubre de 2013

LAS GOLONDRINAS

Los días se hacían más cortos y más fríos. Las golondrinas sentían el impulso de marcharse en busca de países más cálidos, donde hubiera más sol. Decidieron dejar este paisaje ahora desolado, donde las flores se ajaban y los árboles se quedaban sin hojas.
—¿Irse adónde? –preguntó una de las golondrinas más sabias–. ¿Por qué tenemos que dejar este lugar?
—Porque hemos de encontrar un sitio más caliente donde poder anidar –contestaron a coro algunas de sus amigas.
Pero la golondrina sabia no terminaba de convencerse:
—¿A qué distancia está ese país cálido del que habláis? ¿Y cuánto creéis que nos llevará llegar allí?
Las otras no podían decirlo con seguridad, pero insistían en que debían irse lo más pronto posible, antes de que fuera demasiado tarde.
—No esperaréis a que deje este hermoso nido que he construido sólo para ir en busca de una remota posibilidad de encontrar un sitio mejor –prosiguió la sabia y reflexiva golondrina, exponiendo su estrategia de una manera racional y rehusando dejarse influir por los instintos de sus amigas.
—Bien, evidentemente no podemos convencerte –dijo una de ellas–, pero nosotras nos vamos inmediatamente. Interiormente, todas sentimos la llamada, y nuestros corazones siguen diciéndonos que nos vayamos. Me temo que debemos dejarte aquí, si no quieres venir y unirte a nosotras.
La golondrina razonable se negó a partir. Cuando las demás se hubieron ido, siguió convencida de que había hecho lo mejor. Hubiera sido una locura confiar meramente en sentimientos interiores sin ninguna prueba positiva. Además, ella podía hacer más caliente su confortable nido, y enseguida comenzó a recoger más plumas y trozos de algodón para protegerlo contra los riesgos del frío.
Orgullosa de su restaurado nido, se instaló para resistir la entrada del invierno, creyendo aún que las otras habían sido unas necias al marcharse sin saber concretamente adónde iban. El refuerzo de protección la mantendría seguramente a salvo. Y así se demostró, a pesar de que los días se hacían más cortos y las noches se volvían más frías. Entonces, de repente, comenzó a nevar; pero nuestra razonable y sensata golondrina permaneció caliente en su confortable nido. Convencida, por último, de que estaba a salvo de los zarpazos del invierno, se preguntaba si sus amigas habrían tenido tanta suerte en su fatigoso e imprevisto viaje a lo desconocido.
Mas, como todo estaba cubierto de nieve, el alimento comenzó a escasear. Era imposible encontrar una migaja ni un gusano. Se fue debilitando, volviéndose cada vez más lánguida, hasta que al fin se vio reducida sólo a las plumas y los huesos. Juntamente cuando la nieve comenzaba a derretirse y asomaban los primeros brotes, la vida de la golondrina se extinguió finalmente.
Sus necias e irracionales amigas, que no habían sabido hacer nada mejor que obedecer a la voz interior de su instinto, volvieron pocas semanas después. Una vez más les esperaban días felices; en cambio, su razonable amiga, contraída y mustia, yacía muerta en su confortable nido.
 
  • REFLEXIÓN: Todos tenemos la necesidad de discernir en la vida, de buscar cuál es nuestra vocación. Debemos confiar en nuestros instintos interiores, nuestros sentimientos y aceptarnos como realmente somos. Por otro lado hay que reflexionar sobre los peligros de “racionalizar” todo lo que no encaja dentro de nuestras categorías racionales y, a pesar de todo, ofrece sentido. También hay que aprender a leer los signos de los tiempos que a veces exigen que dejemos nuestros “cómodos nidos”, los intereses creados y el pequeño mundo de nuestro ego.

6 de octubre de 2013

LA CARAVANA

Una caravana del desierto marchaba penosamente por un terreno árido, polvoriento y pedregoso. Todos sus componentes tenían fe absoluta en su guía, y confiadamente dejaban en sus manos todas las decisiones. Especialmente les complacía cuando, debido al intenso calor del día, decidía que viajarían sólo de noche y que dormirían durante el día.
Una noche, en una jornada particularmente agotadora, el guía exclamó de pronto:
—¡Alto! Nos detendremos aquí un momento. Como veis, estamos cruzando en este momento un terreno muy pedregoso. Quiero que os agachéis y cojáis todas las piedras y guijarros que podáis. Si llenáis vuestras bolsas de ellas, podréis llevároslas a casa. Ea, deprisa –prosiguió, dando palmadas–, sólo tenéis cinco minutos antes de reemprender la marcha.
Los viajeros, que únicamente deseaban un prolongado descanso y otro dulce sueño, creyeron que su guía se había vuelto loco.
—¿Piedras? –dijeron–. ¿Qué se cree que somos? ¿Un atajo de camellos o de mulos?.
Solamente algunos de ellos hicieron lo que el guía había sugerido, metiendo unos cuantos puñados de piedras en sus bolsas.
—Bueno, basta –dijo el guía–. En camino de nuevo.
Mientras continuaban su pesado camino durante el resto de la noche, todos se encontraban demasiado cansados para molestarse en hablar; pero todos seguían preguntándose qué podrían significar las extrañas órdenes de su guía.
Cuando el sol se alzó sobre el horizonte, la caravana se detuvo de nuevo y plantaron todas las tiendas. Los pocos viajeros que habían cogido algunas piedras pudieron ahora verlas por primera vez. Con exclamaciones de asombro, comenzaron a gritar:
—¡Santo Dios! Son todas de diferentes colores. Todas brillan y resplandecen. Realmente son piedras preciosas y gemas.
Pero esta sensación de júbilo pronto dio paso a otra de depresión y abatimiento:
—¡Ojalá hubiéramos tenido la cordura de seguir las órdenes del guía y hubiéramos cogido todas las piedras que hubiéramos podido!.
 
  • REFLEXIÓN: Tener conciencia de que la vida es un viaje, aceptando las fatigas y sufrimientos. Confiar en los guías que aparecen en el viaje de la vida. Ir por la vida con alegría, paz y esperanza, ya que no caminamos solos, sino como pueblo, guiándonos y apoyándonos unos a otros. Debemos seguir adelante, no renunciar. No podemos acampar donde nos guste, valor del sacrificio.

19 de septiembre de 2013

EL PÁJARO EN EL POZO

Había una vez un pájaro de brillante plumaje y fuertes alas, que se pasaba los días volando sobre las copas de los árboles encantado de su libertad.
Un día se cayó a un pozo fuera de uso. El pozo era tenebroso y profundo; pero estaba seco, y el pájaro quedó ileso. Fue bajando y bajando hasta tocar el fondo, donde permanecía sin hacer nada para intentar escapar, limitándose a compadecerse.
—Ciertamente voy a morir aquí abajo -gemía-. ¡Qué pájaro tan pobre e infeliz soy! ¿Qué es lo que he hecho para merecer tal suerte?”
Cuanto más consideraba su apurada situación, más se convencía de que otro tenía la culpa de que él se encontrara en el fondo del pozo.
—Yo no tengo la culpa. La culpa es primeramente del estúpido que cavó el pozo -dijo-. Alguien debería haber tapado la boca, y entonces no habría caído dentro. ¿Por qué no me avisó nadie del peligro de volar demasiado bajo por encima de los pozos abiertos? Yo no tengo la culpa de todo eso.
Comenzó a gritar pidiendo ayuda a los transeúntes.
—¡Ayuda... ayuda... ayuuuuuuda! Por favor, ayudadme. Ayudadme a salir de aquí.
La gente miraba dentro del pozo.
—Tienes alas; puedes volar -dijeron-. ¿Por qué no intentas ayudarte tú mismo?
—Si intento volar aquí abajo me lesionaré -gemía el pájaro-. Podría rozarme las alas contra las paredes del pozo. Yo no tengo la culpa de encontrarme metido aquí abajo. Tenéis que hacer algo para sacarme.
La gente le gritaba:
—Hay mucho espacio para volar si tienes cuidado. Tus alas son magníficas. No estás herido. Puedes escapar si realmente quieres.
El pájaro rehusaba intentarlo. Se acurrucaba en el fondo quejándose y lamentándose con cuantos le escuchaban.
—Nadie se preocupa por mí, ese es el problema. La gente no tiene corazón y es cruel; no les interesa ayudar a una pobre criatura como yo.
Las quejas del pájaro le granjearon tanta simpatía que, sin apenas darse cuenta de lo que ocurría, comenzó a alegrarse de vivir en el pozo.
Cada vez pensaba menos en escapar, hasta que por fin ni se le ocurrió intentarlo. Sus alas se ajaron, de modo que, aunque hubiera deseado volar a la libertad, no lo habría conseguido. Ahora, ni él ni nadie podían ayudarle.
De esta manera, compadecido por todos y compadeciéndose a sí mismo, el pájaro vivió el resto de su vida atrapado e infeliz en el fondo del pozo.
 
  • REFLEXIÓN: A menudo nos parece más seguro y más cómodo permanecer atrapados. Por otro lado hay una gran diferencia entre ser ayudado y ser rescatado, y es que podemos buscar ayuda y ánimo en los demás, pero sólo nosotros podemos rescatarnos a nosotros mismos, por esto es primordial confiar en nuestras propias posibilidades. También ocurre que el deseo de ser compadecidos y de sentirnos el centro de la atención de los demás, nos entumece e impide que desarrollemos plenamente nuestro potencial.

12 de agosto de 2013

¿QUÉ PASA SEÑOR TOILER?

El señor Toiler era muy trabajador y ambicioso. Orgulloso de su riqueza y de sus posesiones, la ambición que le impulsaba era llenar por fin su almacén hasta arriba. Sólo cuando estuviera lleno hasta rebosar de sacos de trigo, latas de azúcar, bidones de aceite, latas y cajas de alimentos se sentiría realmente satisfecho.
Cada día se anima a sí mismo a trabajar aún más:
 “Tendré lleno mi almacén pronto sólo con que trabaje duro y no afloje la marcha”.
Por fin, llegó el gran día. Al señor Toiler le fue absolutamente imposible meter nada más en su almacén. Incluso le resultó difícil cerrar la puerta del local.
Pensando en un retiro bien merecido, no pudo, sin embargo, dormir en toda la noche, esperando impaciente inspeccionar de nuevo su almacén por la mañana. Por eso le pareció fácil levantarse incluso antes de lo habitual, y salió deprisa de su casa.
Al llegar a la puerta del almacén, metió nervioso la llave en la cerradura, abriendo al fin la puerta de golpe. Horrorizado, se encontró con que el almacén estaba medio vacío.
“¿Qué le ha ocurrido a mi almacén?”, gimió el señor Toiler. “¡Los ladrones deben haber entrado durante la noche, robando la mitad de mis existencias!”.
Irritado, comenzó a examinar todo lo que quedaba, comprobándolo con la lista original para descubrir lo que había desaparecido. Sin embargo, todo parecía estar allí. No pudo comprobar la desaparición de un solo artículo. ¿Cómo podía entonces estar medio vacío el almacén si todas las existencias seguían allí?
“Bueno, no hay nada que hacer”, concluyó, “excepto trabajar aún más hasta que mi almacén esté lleno de nuevo hasta los topes”.
Durante muchos meses más el señor Toiler siguió trabajando aún con mayor ardor que antes, hasta que las puertas del almacén apenas se pudieron cerrar de nuevo. Después de otra noche de insomnio, volvió apresuradamente para hacer una inspección triunfal; pero, con mayor espanto aún que en la primera ocasión comprobó que faltaba la mitad de las existencias. Una vez más contó todo lo que quedaba comparándolo con la lista original. Cosa extraña; todo parecía intacto y no podía sospechar ciertamente de los ladrones. No quedaba más que hacer que trabajar todavía más y el señor Toiler consiguió por tercera vez llenar su almacén. Mas por tercera vez lo encontró de nuevo a la mañana siguiente lleno sólo a medias. El señor Toiler estaba lejos de caer en la cuenta de que sus riquezas no disminuían, sino que su almacén se ampliaba, dejando siempre espacio para un mayor suministro.
 
  • REFLEXIÓN: Tenemos que reflexionar sobre los peligros de la preocupación exclusiva por la prosperidad material, de la opresión del consumismo y la ilusión de que el progreso debe ser inevitable. También podemos pensar en la ambición, en la obsesión de nuestra sociedad actual por adquirir posesiones materiales siempre mayores. La finalidad no debe ser “el tener y el poseer”, sino “el ser y el disfrutar”. Pensemos en las ventajas de una vida de moderación; estar contento con lo que se tiene en lugar de suspirar por más.

18 de julio de 2013

¡¡ POR FAVOR, AYÚDENME !!

Un pez fue arrojado a la playa por una fuerte ola. Por más que lo intentó, no pudo volver al agua. Desesperadamente se puso a pedir ayuda:
—¡Por favor, ayúdenme! Me falta la respiración. ¡Por favor, que alguien me devuelva al agua!
Pasaba por allí un hombre rico, que oyó los gritos del pez.
—Me gustaría ayudarte –dijo–, pero voy al banco y ando mal de tiempo. Lo siento. Te ruego que me perdones.
El pez siguió haciendo esfuerzos y gritando, hasta que atrajo la atención de un turista que pasaba por allí.
—Me gustaría ayudarte –dijo el turista–, pero no sé cómo hacerlo. ¡Si al menos tuviera algo para empujarte hacia el mar! Pero no llevo nada. Estoy de vacaciones, ¿sabes?
—Use un palo o una rama, o sencillamente cójame en la mano. Por favor, se lo ruego, devuélvame al mar –dijo el pez.
El turista miró perplejo.
—Supongo que podría hacerlo; pero, pensándolo bien, quizá sea mejor que te ayudes a ti mismo. Estoy seguro de que encontrarás el modo de arreglártelas si lo intentas. Después de todo, “el que la sigue, la consigue”.
Sacó una foto del pez moribundo y se fue.
Una mujer que pasaba por allí oyó los gritos del pez. Él le pidió que le ayudara:
—Me estoy muriendo. Por favor, devuélvame al agua. Por favor, deprisa. No sobreviviré mucho más.
La mujer lo miró compasiva; pero dijo:
—Antes de ayudarte, necesito conocer tu caso. Dime todo lo que ha pasado para que te encuentres en esta situación.
El pez se lo contó todo sobre él, su familia, su vida pasada, sus intereses y sus creencias. La mujer escuchó atentamente; entonces dijo:
—Antes de devolverte al mar, quiero que reflexiones cuidadosamente primero sobre cómo has llegado a encontrarte aquí. Has de estar seguro de que una vez que te devuelva al mar, nunca volverás a ponerte en esta situación.
Para entonces, el pez había muerto. La mujer meneó la cabeza y se fue.
Pasó por allí un anciano y vio el pez muerto.
—¡Qué cruel es el mar! –dijo indiferente–. De nada sirve preocuparse del pez, porque ¿qué se puede hacer? Así es la vida. No es culpa de nadie.
La playa quedó en silencio y desierta un buen rato. Creció la marea y una ola piadosa levantó el cuerpo del pez y lo devolvió al mar. El turista volvió a pasar, vio al pez en el agua y dijo:
—¡Lo ves! ¡Tenía yo razón! Cuando uno quiere ayudarse a sí mismo de veras, siempre hay un medio. Ese pez ha vuelto al mar.
 
  • REFLEXIÓN: Necesitamos desarrollar en nosotros mismos y en los demás la conciencia de las injusticias, la opresión y explotación de la sociedad moderna. Esto significa examinar nuestra conciencia y preguntarnos por las razones que nos damos para no hacer nada. Se nos pide que no nos mostremos indiferentes con los necesitados. No es nuestra proximidad física ni compartir nuestros bienes o valores lo que nos hace buenos prójimos, sino nuestra respuesta a los gritos de los que están necesitados.

27 de junio de 2013

SE BUSCAN PROFESORES

Los animales que vivían en el bosque decidieron que había llegado la hora de abrir una escuela para sus pequeños.
Los que tenían a su cargo la proyectada escuela pusieron un anuncio en los periódicos locales que decía:
«Se necesitan profesores para escuela nueva. Entrevistas el domingo por la mañana. Sólo se admiten solicitudes de quienes tengan títulos adecuados».
El domingo por la mañana los presuntos profesores esperaban fuera de la sala de entrevistas.
El primero en aparecer ante el comité seleccionador fue un gorrión. Tímidamente dijo:
—Deseo solicitar el puesto de profesor de canto.
La comisión comenzó a preguntar al pequeño gorrión.
—¿Sabe cantar? –le preguntaron–. ¿Es un cantor con experiencia?
—Desde luego; canto muy bien. Llevo cantando desde el día que nací –contestó el gorrión.
Dicho esto comenzó a cantar una armoniosa y delicada melodía. De repente, la comisión le interrumpió.
—No nos interesa lo bien que sepa cantar. Lo que queremos saber es dónde ha aprendido y los títulos y diplomas que posee. No podemos tomar en cuenta su petición a menos que posea títulos adecuados.
El gorrión se quedó desconcertado.
—Yo sé cantar, como han oído; pero no poseo diplomas ni títulos –dijo.
—En tal caso, no podemos admitirle –dijo bruscamente la comisión–. No nos interesan profesores sin título.
El siguiente candidato entrevistado fue un delfín.
—Deseo ser empleado como preceptor de natación en su nueva escuela –dijo.
—¿Dónde ha aprendido a nadar? –preguntó la comisión–. Es de suponer que tendrá un título o certificado de alguna institución de natación.
El delfín movió la cabeza apesadumbrado.
—Lo siento –dijo–. Soy un excelente nadador y un profesor amable y benévolo, pero no poseo títulos.
La comisión le despidió sin escucharle más.
—No tenemos en cuenta las solicitudes de quienes no poseen títulos –dijeron.
Uno tras otros, fueron entrevistados el resto de los solicitantes. Las abejas dijeron:
—Deseamos solicitar el puesto para la sección de trabajos manuales de su escuela. Nuestras colmenas son una maravilla de formas intrincadas y un primor. Somos pacientes y laboriosas. Seríamos buenas profesoras de manualidades.
Pero al enterarse de que no poseían título alguno, la comisión las rechazó.
Un ciervo solicitó dar clases de carreras, y un mono pidió el puesto de preceptor de gimnasia. Una araña quería enseñar a los pequeños a hilar. Todos ellos fueron rechazados por carecer de los necesarios requisitos.
Al final la comisión decidió que no era posible abrir una nueva escuela por falta de personal bien instruido y titulado.
 
  • REFLEXIÓN: La educación es un proceso que abarca a todo el ser humano. Supera con mucho la instrucción que se puede ofrecer en las instituciones de enseñanza. En nuestra sociedad sufrimos el síndrome de “titulitis”, conocido por no aceptar a quien no tiene un título que lo avale y lo encasille, sin pensar que hay cosas en la vida que se aprenden sin necesidad de un manual de instrucciones. Una educación muy exclusiva puede ser una educación muy pobre para la vida.