9 de mayo de 2013

LA PALOMA REAL

En cierta ocasión, mientras un consejero real deambulaba por el palacio, vio por primera vez en su vida un halcón real.
Hasta entonces, el consejero jamás había visto semejante clase de “paloma”. De modo que tomó unas tijeras y cortó con ellas las garras, las alas y el pico del halcón.
«Ahora pareces un pájaro como es debido», dijo. «Tu cuidador te ha tenido muy descuidado».
 
  • REFLEXIÓN: ¡Ay de aquellas personas que no conocen más mundo que aquel en el que viven y no tienen nada que aprender de las personas con las que hablan! Cualquier persona puede sorprendernos con su personalidad y su manera de actuar... siempre que le demos la oportunidad de mostrárnoslo.

30 de abril de 2013

EL PUENTE

Cuentan que aquel reino era muy rico y próspero. La gente vivía con más de lo que necesitaba, el lujo y el derroche era lo más común en los pueblos y ciudades de aquel lugar. Sus habitantes sólo vivían para trabajar y ganar más riquezas, para así tener más cosas que les hicieran alcanzar la felicidad, pero como nunca la alcanzaban, siempre estaban trabajando para ganar más riquezas.
Toda aquella prosperidad fue posible gracias a la inteligencia y el trabajo sin descanso, de día y de noche, de uno de los ministros del Rey, el más fiel de sus servidores. Su manera de organizar y dirigir la economía del reino hizo que este fuera el más rico de todos los reinos.
El Rey estaba muy satisfecho con él, y le apreciaba tanto, que lo quería como a uno de sus hijos. Entre otras muchas cosas, le había regalado uno de los más lujosos palacios donde vivir, y cualquier cosa que deseara, por costosa que fuera, la tenía al instante.
Pero una mañana el ministro del Rey se encontró cansado. Eran muchos los años trabajando sin descanso, día y noche, hora tras hora. Levantó la cabeza para tomar un respiro, ¡su primer respiro en la vida! Miró a través de su ventana y vio el sol saliendo por el horizonte. Era la primera vez que se fijaba en una cosa tan sencilla y tan bella.
Entonces, un rayo de aquella luz del amanecer le entró de repente por sus ojos, se paseó por sus oídos, le hizo cosquillas en la nariz, bajó hasta el corazón y de un chispazo se lo encendió iluminándolo por dentro. Hasta ahora su corazón había estado apagado, a oscuras, pero ahora, encendido por la luz de aquel misterioso rayo, el ministro vio claro por primera vez, y se dio cuenta de que estaba vacío por dentro, no había el menor rastro de felicidad.
Su corazón estaba lleno de todo menos de eso. Riqueza, comodidad, prestigio, lujo, buena posición social no eran suficientes para llenarlo, así que decidió dejarlo todo y se marchó en secreto para buscar lo que le faltaba; si no lo hacía así no le dejarían marchar.
Dejó al Rey una nota escrita explicándoselo todo, pero el Rey cuando la leyó no entendió nada. Se entristeció mucho al saber que se había ido. Lo apreciaba tanto como a un hijo, así que mandó buscarlo.
El tiempo pasaba y nadie daba con su paradero. El Rey prometió una recompensa millonaria para aquel que supiera dónde estaba. Pasó un año hasta que el Rey tuvo noticias de su querido ministro. Le informaron que estaba bien y que era muy feliz, a pesar de vivir en una humilde y sencilla cabaña en la montaña, cerca de la única aldea del Reino donde las gentes vivían sencilla y fraternalmente sin tener más de lo que necesitaban para vivir.
El Rey se llenó de alegría, mandó que prepararan su carruaje y se puso en marcha para ir a por él personalmente. Tardó tres días y tres noches en llegar al lugar donde estaba.
El ministro, al oír llegar la carroza real y todo su séquito, salió a su encuentro lleno de alegría. Después de un intenso abrazo, el Rey le pidió que volviera a su lado como Consejero del Reino, y le prometió más descanso en su trabajo.
El ministro accedió a la petición del Rey, cosa que llenó de entusiasmo al monarca. Pero le puso una pequeña condición; sólo si la cumplía, volvería con él a ocupar el puesto de Consejero. La condición era muy sencilla: que el Rey tomara una taza de café en su humilde cabaña.
El Rey accedió sin dudar y le dio su palabra, y el ministro, muy contento, le condujo hasta su cabaña. Para llegar a ella había que atravesar un puente colgante muy frágil sobre un gran precipicio. La ligera brisa del amanecer hacía que este puente se meciera de un lado a otro con suavidad.
El ministro lo cruzó alegremente hasta la otra parte, pero el Rey tuvo miedo y se detuvo, pesaba demasiado y temía por su vida, el puente colgante no resistiría su peso.
El ministro, desde la otra orilla, le dijo que se desprendiera de su pesado abrigo de piel, de su corona de oro macizo, de sus pesados collares de piedras preciosas, de sus anillos reales, de su espada y de la bolsa con su dinero, así sería ligero como un pájaro y podría cruzar el puente que les separaba.
Pero el Rey se negó en rotundo a desprenderse de todo lo que llevaba encima y arriesgar la vida en esa locura. Ante esto, el ministro le dijo:
—Entonces majestad, regresad a vuestro mundo, y a mí dejadme en el mío.
Y el Rey se marchó entristecido con todo su peso intacto, y el ministro se le quedó mirando mientras el sol del amanecer inundaba todos los rincones con sus rayos.
 
  • REFLEXIÓN: Deja todo lo que te pesa y separa de los demás, busca la humildad y las cosas sencillas de la vida que son las que realmente nos hacen felices. Aprende a desprenderte de todo lo que no son más que cosas materiales. Cuanto más ligeros de equipaje estemos, más fácil nos será atravesar el puente que nos separa de los demás.

1 de abril de 2013

LAS RANITAS EN LA NATA

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata. Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta: «No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril».
Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo: «¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora».
Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.
Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.
Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.
 
  • REFLEXIÓN: A veces creemos que es inútil poner energía y esfuerzo en una causa perdida, pero la tenacidad es un buen aliado y nos ayuda a mantenernos firmes en una acción hasta que por fin, gracias al esfuerzo y la constancia, lo conseguimos. No hay nada que con esfuerzo y tenacidad no podamos conseguir, siempre que tengamos unos objetivos claros y la paciencia suficiente para poder conseguirlos. En la vida no hay que desanimarse por los obstáculos que puedan ir apareciendo. Creer que podemos conseguir algo es el primer paso para que así suceda.

14 de marzo de 2013

LA COSTILLA DE ADÁN

Un emperador le dijo a un sabio:
—Tu Dios es un ladrón: necesitó, para crear a la mujer, robarle una costilla a Adán, cuando estaba dormido.
Y como al sabio le costaba responder, la hija de éste tomó la palabra y replicó:
—Traigo una queja emperador: resulta que unos ladrones se introdujeron en casa durante la noche y robaron un colgante de madera, dejando en su lugar un colgante de oro.
Y el Emperador contestó:
—¡Así tuviera yo cada noche visitas semejantes!
—Pues bien -contestó entonces el sabio- eso fue lo que hizo nuestro Dios: le quitó al primer hombre una simple costilla, pero a cambio le dio una hermosa mujer.
 
  • REFLEXIÓN: A veces tenemos que sacrificar un bien menor en pos de algo mejor. Hay que aprender a ser generoso para saber sacrificar esas pequeñas cosas y así poder obtener otras mucho más importantes y que probablemente nos hagan más felices tanto a nosotros como a los que nos rodean.

20 de febrero de 2013

EL TOPO Y LA LUZ

El topo verificó que todas las entradas de su madriguera estaban cerradas, como hacía cada noche. Bueno, a decir verdad, en su mundo siempre era de noche porque la luz no encontraba ningún resquicio para poder entrar, todo permanecía permanentemente cerrado y él mismo no salía al exterior. De hecho, el comprobar continuamente que las entradas estuviesen cerradas cuando nadie había ni entrado ni salido obedecía más a una manía instalada en su vida por el miedo y la rutina que a una amenaza real. Tan acostumbrado estaba a no encontrarse con nadie que había perdido la capacidad de hablar, y tan oscura era su madriguera que había perdido la capacidad de ver. Sin embargo el topo no sentía haber renunciado a nada. Mudo y ciego, su único interés en la vida era encontrar la comida para seguir desplazándose en su laberinto de galerías. A eso se reducía su mundo.
Pero, para su desgracia, aquel año estaba siendo particularmente seco y la tierra se había vuelto tan dura que sus uñas ya no lograban escarbar el terreno para alcanzar la comida, que para colmo se había vuelto escasa. Así que, contra su costumbre, se vio obligado a salir al exterior, a ese mundo hostil en el que no sabía desenvolverse, y a desplazarse por la superficie para buscar tierras más húmedas. En su camino encontró de todo: hubo quien, aprovechando su ceguera, le dio un puntapié o se rió de él; pero también hubo quien, viéndole tan impedido, le ayudó, y adivinando lo que buscaba le guió a tierras mejores, donde volvió a su vida de siempre.
Nuevamente solo, el topo hizo balance de su viaje. Ya sabía que sería tratado mal (era lo que ya imaginaba antes de salir), pero no esperaba que alguien se apiadase de él, y eso también ocurrió... Este recuerdo emocionó al topo. ¿Y si el mundo no estaba tan podrido como sospechaba? ¿Y si había motivos para la esperanza? Sí, seguiría en su mundo subterráneo, pero su imagen del mundo exterior ya no iba a ser tan negativa. Es como si una voz le estuviese diciendo: «Paz, paz» y su madriguera se llenase de luz...
 
  • REFLEXIÓN: También nosotros hemos vivido momentos de oscuridad en la vida, y hemos tenido que salir fuera de nosotros para hallar la solución. Encerrándonos en nosotros mismos, nunca podremos saber que fuera de “nuestra madriguera” existe otro mundo y otras personas que seguro pueden darnos motivos para la esperanza. Siempre hay una luz de esperanza cuando creemos que nuestras puertas están cerradas.

8 de febrero de 2013

EL FRASCO DE PERFUME

David y Esteban se habían graduado juntos en la misma universidad y habían conseguido una beca como investigadores. Iban a trabajar ahora para la misma compañía de perfumes de fama internacional.
Durante mucho tiempo su ambición había sido descubrir una nueva fórmula e inventar un perfume tan raro y exquisito que habría de maravillar al mundo. Por fin, después de muchos años, pudieron exclamar: “¡Eureka! ¡Al fin lo hemos encontrado!”.
 —¿Qué vamos a hacer ahora? –preguntó David–. Creo que lo mejor es que llevemos una muestra al jefe inmediatamente.
—No –dijo Esteban–. Aún no. Lo conservaremos para nosotros un poco más. Estoy seguro de que podremos encontrar un mercado muy lucrativo para él en un futuro no muy lejano.
Los dos estuvieron de acuerdo en esperar por el momento. Su secreto no se divulgaría, y sólo se permitiría que usaran sus mujeres el nuevo y maravilloso invento.
David se apresuró a ir a casa; pero cuando estaba aún en el coche mirando con ansiedad la pequeña muestra del nuevo perfume, murmuró para sí mismo:
—No puedo arriesgarme a dejarlo en un frasco como éste. Comenzará a evaporarse. Tengo que encontrar algo mejor.
Paró el coche, entró en una farmacia y compró un envase mucho más seguro. Luego fue a casa y ofreció aquel maravilloso presente a su mujer, Raquel.
—Mira, lo que te he traído, querida –murmuró–. ¡Al fin lo hemos conseguido! Hemos inventado el perfume más maravilloso que jamás ha existido. Y mi muestra es toda para ti. Aquí tienes. Ponte un poco. Serás la envidia de todos. Pero por un tiempo no hemos de mencionar su procedencia. Creemos que podremos obtener inmensas ganancias si procedemos cuidadosamente.
Raquel estaba encantada y siempre que se presentaba la ocasión usaba el nuevo y maravilloso perfume, deleitando a sus familiares y amigos, que no podían menos de sentir envidia y estaban muy intrigados por conocer el nombre de la tiendo en que podrían procurárselo también ellos. Al final, cuando hubo terminado el perfume, Raquel tiró el frasco sin ceremonias, sabiendo que David pronto le traería otra muestra.
Mientras, ¿qué había hecho Esteban? También él se apresuró a ir a casa con la muestra; pero en lugar de dar algo a su esposa, decidió que no se podía desperdiciar ni una gota de aquel nuevo y fantástico invento. Fue a un anticuario y compró un raro frasco Ming. Naturalmente, era muy caro; pero lo dio por bien empleado, y con muchísimo cuidado vertió en él el precioso perfume.
Al día siguiente, sin dejar que nadie lo oliera ni siquiera mirar el contenido del frasco ahora inestimable, encargó una vitrina en la que exhibirlo. Su mujer y sus amigos estaban entusiasmados con el hermoso objeto exhibido, pero Esteban se negó a dejar que nadie lo tocara. Colocó un letrero que decía: «NO TOCAR». Cuando uno de sus hijos extendía la mano hacia él, gritaba: “¡No lo toques! ¿Es que no sabes leer? ¡No lo toques nunca!”.
Pronto la vida de Esteban quedó enteramente dominada por el famoso frasco. Él era el único que sabía lo que contenía, y constantemente lo contemplaba en privado. De la mañana a la noche estaba absorto. Todo comenzó a girar alrededor de este frasco. Incluso dejó de trabajar en el laboratorio de perfumes a fin de disponer de más tiempo para mirar el objeto de su alegría y orgullo.
Pasaron los meses y los años, y Esteban cada vez estaba más absorto ante su vitrina. Cuando, finalmente, murió, su mujer la abrió y sacó el frasco Ming. Quitó la tapa para ver si había algo dentro, pero no encontró nada. El inestimable frasco estaba vacío.

  • REFLEXIÓN: Lo importante en la vida es disfrutar de las cosas del presente, y no confundir los medios con los fines. David eligió un envase funcional, un frasco que sirviera para su propósito, no era más que un medio para contener el perfume, que era lo auténticamente valioso, al acabarse éste prescindió sin más del frasco. Estaban, al contrario, buscó un envase precioso y se prendó de él, siendo el frasco más esencial que el contenido. Esto puede se aplicable a cualquier ley, estructura, sistema de creencias u organización que tienen un valor relativo y temporal, y deben ser medios para conseguir la felicidad del hombre, nunca fines. No debemos ser adoradores de ídolos.