20 de febrero de 2013

EL TOPO Y LA LUZ

El topo verificó que todas las entradas de su madriguera estaban cerradas, como hacía cada noche. Bueno, a decir verdad, en su mundo siempre era de noche porque la luz no encontraba ningún resquicio para poder entrar, todo permanecía permanentemente cerrado y él mismo no salía al exterior. De hecho, el comprobar continuamente que las entradas estuviesen cerradas cuando nadie había ni entrado ni salido obedecía más a una manía instalada en su vida por el miedo y la rutina que a una amenaza real. Tan acostumbrado estaba a no encontrarse con nadie que había perdido la capacidad de hablar, y tan oscura era su madriguera que había perdido la capacidad de ver. Sin embargo el topo no sentía haber renunciado a nada. Mudo y ciego, su único interés en la vida era encontrar la comida para seguir desplazándose en su laberinto de galerías. A eso se reducía su mundo.
Pero, para su desgracia, aquel año estaba siendo particularmente seco y la tierra se había vuelto tan dura que sus uñas ya no lograban escarbar el terreno para alcanzar la comida, que para colmo se había vuelto escasa. Así que, contra su costumbre, se vio obligado a salir al exterior, a ese mundo hostil en el que no sabía desenvolverse, y a desplazarse por la superficie para buscar tierras más húmedas. En su camino encontró de todo: hubo quien, aprovechando su ceguera, le dio un puntapié o se rió de él; pero también hubo quien, viéndole tan impedido, le ayudó, y adivinando lo que buscaba le guió a tierras mejores, donde volvió a su vida de siempre.
Nuevamente solo, el topo hizo balance de su viaje. Ya sabía que sería tratado mal (era lo que ya imaginaba antes de salir), pero no esperaba que alguien se apiadase de él, y eso también ocurrió... Este recuerdo emocionó al topo. ¿Y si el mundo no estaba tan podrido como sospechaba? ¿Y si había motivos para la esperanza? Sí, seguiría en su mundo subterráneo, pero su imagen del mundo exterior ya no iba a ser tan negativa. Es como si una voz le estuviese diciendo: «Paz, paz» y su madriguera se llenase de luz...
 
  • REFLEXIÓN: También nosotros hemos vivido momentos de oscuridad en la vida, y hemos tenido que salir fuera de nosotros para hallar la solución. Encerrándonos en nosotros mismos, nunca podremos saber que fuera de “nuestra madriguera” existe otro mundo y otras personas que seguro pueden darnos motivos para la esperanza. Siempre hay una luz de esperanza cuando creemos que nuestras puertas están cerradas.

8 de febrero de 2013

EL FRASCO DE PERFUME

David y Esteban se habían graduado juntos en la misma universidad y habían conseguido una beca como investigadores. Iban a trabajar ahora para la misma compañía de perfumes de fama internacional.
Durante mucho tiempo su ambición había sido descubrir una nueva fórmula e inventar un perfume tan raro y exquisito que habría de maravillar al mundo. Por fin, después de muchos años, pudieron exclamar: “¡Eureka! ¡Al fin lo hemos encontrado!”.
 —¿Qué vamos a hacer ahora? –preguntó David–. Creo que lo mejor es que llevemos una muestra al jefe inmediatamente.
—No –dijo Esteban–. Aún no. Lo conservaremos para nosotros un poco más. Estoy seguro de que podremos encontrar un mercado muy lucrativo para él en un futuro no muy lejano.
Los dos estuvieron de acuerdo en esperar por el momento. Su secreto no se divulgaría, y sólo se permitiría que usaran sus mujeres el nuevo y maravilloso invento.
David se apresuró a ir a casa; pero cuando estaba aún en el coche mirando con ansiedad la pequeña muestra del nuevo perfume, murmuró para sí mismo:
—No puedo arriesgarme a dejarlo en un frasco como éste. Comenzará a evaporarse. Tengo que encontrar algo mejor.
Paró el coche, entró en una farmacia y compró un envase mucho más seguro. Luego fue a casa y ofreció aquel maravilloso presente a su mujer, Raquel.
—Mira, lo que te he traído, querida –murmuró–. ¡Al fin lo hemos conseguido! Hemos inventado el perfume más maravilloso que jamás ha existido. Y mi muestra es toda para ti. Aquí tienes. Ponte un poco. Serás la envidia de todos. Pero por un tiempo no hemos de mencionar su procedencia. Creemos que podremos obtener inmensas ganancias si procedemos cuidadosamente.
Raquel estaba encantada y siempre que se presentaba la ocasión usaba el nuevo y maravilloso perfume, deleitando a sus familiares y amigos, que no podían menos de sentir envidia y estaban muy intrigados por conocer el nombre de la tiendo en que podrían procurárselo también ellos. Al final, cuando hubo terminado el perfume, Raquel tiró el frasco sin ceremonias, sabiendo que David pronto le traería otra muestra.
Mientras, ¿qué había hecho Esteban? También él se apresuró a ir a casa con la muestra; pero en lugar de dar algo a su esposa, decidió que no se podía desperdiciar ni una gota de aquel nuevo y fantástico invento. Fue a un anticuario y compró un raro frasco Ming. Naturalmente, era muy caro; pero lo dio por bien empleado, y con muchísimo cuidado vertió en él el precioso perfume.
Al día siguiente, sin dejar que nadie lo oliera ni siquiera mirar el contenido del frasco ahora inestimable, encargó una vitrina en la que exhibirlo. Su mujer y sus amigos estaban entusiasmados con el hermoso objeto exhibido, pero Esteban se negó a dejar que nadie lo tocara. Colocó un letrero que decía: «NO TOCAR». Cuando uno de sus hijos extendía la mano hacia él, gritaba: “¡No lo toques! ¿Es que no sabes leer? ¡No lo toques nunca!”.
Pronto la vida de Esteban quedó enteramente dominada por el famoso frasco. Él era el único que sabía lo que contenía, y constantemente lo contemplaba en privado. De la mañana a la noche estaba absorto. Todo comenzó a girar alrededor de este frasco. Incluso dejó de trabajar en el laboratorio de perfumes a fin de disponer de más tiempo para mirar el objeto de su alegría y orgullo.
Pasaron los meses y los años, y Esteban cada vez estaba más absorto ante su vitrina. Cuando, finalmente, murió, su mujer la abrió y sacó el frasco Ming. Quitó la tapa para ver si había algo dentro, pero no encontró nada. El inestimable frasco estaba vacío.

  • REFLEXIÓN: Lo importante en la vida es disfrutar de las cosas del presente, y no confundir los medios con los fines. David eligió un envase funcional, un frasco que sirviera para su propósito, no era más que un medio para contener el perfume, que era lo auténticamente valioso, al acabarse éste prescindió sin más del frasco. Estaban, al contrario, buscó un envase precioso y se prendó de él, siendo el frasco más esencial que el contenido. Esto puede se aplicable a cualquier ley, estructura, sistema de creencias u organización que tienen un valor relativo y temporal, y deben ser medios para conseguir la felicidad del hombre, nunca fines. No debemos ser adoradores de ídolos.

25 de enero de 2013

EL PRÍNCIPE Y LAS HORMIGAS

Érase una vez un rey con grandes posesiones; vivía en un palacio suntuoso. Su hijo, el príncipe, gozaba para sí de una hermosa colección de caballos blancos para pasear por sus tierras. Salió un día a pasear montado en su caballo blanco preferido. De pronto vio un hormiguero. Se bajó y dedicó un tiempo a observar con detenimiento e interés la vida de las hormigas.
Le sorprendió y dolió ver cómo las hormigas se afanaban presurosas por acaparar y almacenar comida para el invierno. Comían, transportaban, se molestaban con sus desproporcionados cargamentos.
Reflexionó por largo tiempo. Y volvió a su palacio.
—Requiero su permiso para hacerme hormiga –dijo sin vacilar y con decisión firme a su padre, que oía sorprendido.
—¿Qué me pides? Reflexiona. Tú, príncipe, lleno de esperanzas y seguridades... ¿convertirte en hormiga?
—Lo tengo decidido, padre; sólo necesito tu permiso.
Después de largo intercambio de razonamientos y porfías el príncipe obtuvo lo que deseaba.
Convertido en hormiga, marchó a vivir al hormiguero que a él le había llamado tan hondamente la atención. Empezó a vivir con las hormigas; trabajaba como ellas, participaba en las distintas actividades del hormiguero...
Muy pronto quiso presentar a las hormigas sus ideas: ideas de participación sosegada y reflexiva, de convivencia, de interés mutuo... expresiones de amistad.
Las hormigas no comprendían el alcance de aquellas ideas a las que estaban desacostumbradas. Ellas siempre habían trabajado así: cada una lo que podía, con afán de almacenar, sin preocuparse de la vida de las demás.
En consecuencia, algunas desatendieron el mensaje, otras lo desconsideraron; algunas lo despreciaron; y también hubo hormigas que combatieron estas ideas extrañas.
La hormiga-príncipe ocupó mucho tiempo en presentar estas ideas. No tenía prisa, quería “convencer” con el ejemplo.
De pronto un día un grupo reducido de hormigas se reunieron en asamblea secreta durante la noche y decidieron prescindir de aquella hormiga extraña, loca, que con sus enseñanzas perturbaba la vida normal que siempre habían vivido. Su mensaje exigía comportamientos nuevos y no estaban dispuestas a ceder en sus posiciones. La decisión la pusieron en práctica de inmediato.
Agarraron a la hormiga-príncipe con sus patas, la increparon con violencia, la sacaron del hormiguero a empujones y una vez fuera entre voces y picotazos, la patearon sin piedad. Ninguna otra hormiga la defendió y murió abandonada en las afueras del hormiguero.
Las hormigas más representativas del grupo convocaron a una fiesta de victoria: sus criterios se habían impuesto sobre el mensaje de la hormiga-príncipe que había venido de lejos a compartir y enseñar.
 
  • REFLEXIÓN: Cuando alguien nos plantea cambiar nuestros comportamientos por otros más solidarios lo que suele ocurrir es que, de entrada, los rechazamos. No nos gusta que nadie cambie nuestras estructuras, nuestras formas de actuar. Preferimos imponer nuestro criterio antes de aprender a compartir y a evolucionar.

5 de enero de 2013

LOS NIÑOS ESTABAN SOLOS

Los niños estaban solos, su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de algo de dinero.
Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.
Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo, los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertarían hasta las cinco, para entonces ella ya habría vuelto del paseo.
Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho, el pequeño de los niños, se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?
Quizá fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.
La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.
De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.
Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (él sabía como marcar el número de su mamá), pero no había línea.
Pancho se dio cuenta que debía sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.
Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: “¿Cómo pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?” Otros decían “¿Cómo pudo cargar al bebé en la mochila?” “¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?” “¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?”.
El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado, les dio la respuesta:
—Pancho estaba solo... No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.
 
  • REFLEXIÓN: Cuando estamos en una situación apurada somos capaces de ver pronto una posible solución al problema que nos preocupa, quizá la tensión hace que nuestra mente funcione más deprisa para encontrar una solución. Pero yendo más lejos, yo diría que ante cualquier problemática debemos intentar buscar siempre posibles alternativas, no dejándonos desesperar diciendo que no vamos a poder, que quizá sea imposible. Hay esperanza para salir de cualquier situación, siempre que queramos encontrar la salida.

14 de diciembre de 2012

TORNEO DE CANTO

Una vez, llegó a la selva un búho que había estado en cautiverio, y explicó a todos los demás animales las costumbres de los humanos.
Contaba, por ejemplo, que en las ciudades los hombres calificaban a los artistas por competencias, a fin de decidir quiénes eran los mejores en cada disciplina: pintura, dibujo, escultura, canto...
La idea de adoptar costumbres humanas prendió con fuerza entre los animales y quizá por ello se organizó de inmediato un concurso de canto, en el que se inscribieron rápidamente casi todos los presentes, desde el jilguero hasta el rinoceronte.
Guiados por el búho, que había aprendido en la ciudad, se decretó que el concurso se fallaría por voto secreto y universal de todos los concursantes, que, de este modo, serían su propio jurado.
Así fue. Todos los animales, incluido el hombre, subieron al estrado y cantaron, recibiendo un mayor o menor aplauso de la audiencia. Después anotaron su voto en un papelito y lo colocaron, doblado, en una gran urna que estaba vigilada por el búho.
Cuando llegó el momento del recuento, el búho subió al improvisado escenario y, flanqueado por dos ancianos monos, abrió la urna para comenzar el recuento de los votos de aquel «transparente acto electoral», «gala del voto universal y secreto» y «ejemplo de vocación democrática», como había oído decir a los políticos de las ciudades.
Uno de los ancianos sacó el primer voto, y el búho, ante la emoción general, gritó:
—El primer voto, hermanos, es para nuestro amigo ¡el burro!
Se produjo un silencio, seguido de algunos tímidos aplausos.
—Segundo voto: ¡el burro!
Desconcierto general.
—Tercero: ¡el burro!
Los concurrentes empezaron a mirarse unos a otros, sorprendidos al principio, con ojos acusadores después y, por último, al seguir apareciendo votos para el burro, cada vez más avergonzados y sintiéndose culpables por sus propios votos.
Todos sabían que no había peor canto que el desastroso rebuzno del equino. Sin embargo, uno tras otro, los votos lo elegían como el mejor de los cantantes.
Y así, sucedió que, terminado el escrutinio, quedó decidido por «libre elección del imparcial jurado» que el desigual y estridente grito del burro era el ganador.
Y fue declarado como «la mejor voz de la selva y alrededores».
El búho explicó después lo sucedido: cada concursante, considerándose a sí mismo el indudable vencedor, había dado su voto al menos cualificado de los concursantes, aquél que no podía representar amenaza alguna.
La votación fue casi unánime. Sólo dos votos no fueron para el burro: el del propio burro, que creía que no tenía nada que perder y había votado sinceramente por el jilguero, y el del hombre, que, cómo no, había votado por sí mismo.
 
  • REFLEXIÓN: Cuando nos sentimos tan importantes que no hay espacio para otros, cuando nos creemos tan merecedores que no podemos ver más allá, cuando nos imaginamos tan maravillosos que no concebimos otra posibilidad que no sea poseer lo deseado, entonces, muchas veces, la vanidad, la miseria, la estupidez y la cortedad nos vuelven mezquinos.

24 de noviembre de 2012

MARGARITA LA DIRECTORA

Margarita era una profesora joven, entusiasta y muy popular. Sus alumnos la querían y los padres de ellos la tenían en gran estima. Era querida y respetada por sus colegas, admirada por sus superiores y por los administradores del colegio.
Le gustaba estar con los niños, charlar con ellos y tomar parte en sus juegos durante las horas del recreo. Todo el mundo incluyendo a los alumnos, la llamaban por su nombre de pila.
Al jubilarse la directora, muchos de los directivos, administradores y padres pidieron a Margarita que se presentara a la vacante. En realidad, nunca había entrado en sus cálculos ser directora, pero al fin la persuadieron a que presentara la solicitud. Después de ser seleccionada y entrevistada, fue nombrada directora en su momento.
Las felicitaciones que siguieron hicieron a Margarita muy feliz en su nuevo puesto, pero se preguntaba también si, aislada en cierto momento en su despacho, no perdería el estrecho contacto con los niños, a los que veía todos los días en clase.
Pronto, sin embargo, los niños se sintieron felices de poder demostrarle la misma amistad, y durante el recreo había siempre un montón entrando por su puerta. Les encantaba visitarla en su despacho para charlar con ella e invitarla a participar en sus juegos. Pero todos la llamaban simplemente “Margarita”.
Con frecuencia los niños llegaban tarde a clase después del recreo debido a la aglomeración que se juntaba en el despacho de la directora. Esto la preocupaba, y decidió adoptar una actitud más estricta. En adelante los alumnos debían hacer cola ante su puerta, y no entrar todos de golpe. También les dijo que la llamaran “directora”, en vez del tratamiento demasiado familiar de “Margarita”.
Aunque comenzaron a formarse colas más ordenadas, nadie parecía hacer caso de la petición de Margarita sobre darle el tratamiento de directora. Todos seguían llamándola por su nombre de pila. Esto comenzó a molestarla.
Decidió mandar imprimir un letrero grande con la palabra DIRECTORA impresa en forma llamativa, y lo colocó delante de ella en la mesa. Sin embargo, los adultos y los niños insistían en llamarla por su nombre.
Aunque eran menos los niños que requerían su atención durante las horas del recreo, iba en aumento su disgusto por la forma familiar de tratarla. Por eso hizo imprimir un letrero mucho mayor, de forma que nadie pudiera evitar ver la palabra DIRECTORA. Lo colocó inmediatamente delante de ella, mostrándolo e insistiendo en que se le debía llamar directora.
Lamentablemente, nadie parecía prestar atención al letrero ni molestarse en dirigirse a la directora por ningún nombre. El letrero era tan grande, que los niños no veían por encima de él. Cualquier niño que entraba en la habitación de Margarita creía sinceramente que no había nadie y volvía a salir inmediatamente.
Algunos de los más fieles volvieron en unas pocas ocasiones, pero al final se cansaron de encontrar la habitación aparentemente vacía. En consecuencia, Margarita se quedó allí sola, respetada al fin por todos, pero sin amigos, triste, solitaria y olvidada.
 
  • REFLEXIÓN: Hay que ejercer la autoridad de acuerdo con la dignidad humana, tanto del que está revestido de ella como de cualquiera que esté sujeto a la misma. Hay que distinguir entre autoridad de servicio y autoridad de poder. Por otro lado no debemos dejar de ser nosotros mismos aunque ejerzamos algún tipo de autoridad, no podemos ocultarnos detrás del rol que ejercemos. La historia también nos enseña que el verdadero sentido de la autoridad es ayudar, guiar y orientar, nunca oprimir a las personas, explotarlas o suprimir su libertad individual.